sábado, septiembre 22, 2007

Después del segundo daiquiri la vida es bella

Esa fue la frase que escribí en el papelito que nos dieron los del grupo de improvisación en la fiesta de casamiento de Caro L., acaso inspirada por el daiquiri, la copa de vino y el cuba libre que me había tomado antes de escribir esa frase. Me divertí mucho porque de hecho mi frase fue seleccionada para la improvisación de cierre. No porque fuera original, concedo, sino simplemente porque hacía una combineta interesante con el contexto histórico y la situación elegida, dos peronistas de la primera hora hablando de la situación política del país.
La fiesta estuvo très excellente. La incorrección gramatical es válida en este caso.
Y en la mesa dulce había postre de chocolinas!!!
Escribo estas pocas y sentidas palabritas para dejar registrado ese momento, que me emocionó compartir porque de alguna manera, distante pero cercana a la vez, pude compartir con Carolina ciertas etapas del camino que culminaron en ese momento y se iniciaron en la (para mí) tediosa materia Taller III de la carrera, que cursé un año después que C&S. Tal vez es que la materia funciona por ciclos (algo así como Comunicación III) y un año es poético, otro prosaico, y así así. No hace falta decir cuál fue el ciclo que agarré yo.
Previamente a la boda asistí, tal como lo establecen las reglas del protocolo moderno (y no tanto), a una despedida de soltera en Santa Fe y Esmeralda, típico lugar de despedidas de soltera, con mucha mujer descontrolada. Muy divertido, especialmente porque las asistentes descontrolan tanto que son un espectáculo aparte.

domingo, agosto 19, 2007

Agostada

(y encima en Buenos Aires)

Siempre que me siento a escribir es porque estoy angustiada o deprimida o triste (no necesariamente es lo mismo), no falla.
A la vez estoy en una etapa de in-actividad cultural, más bien diría que eso es raro porque cuanto peor me siento es cuando más busco refugiarme en esas cosas.
Tal vez es que no pueda volver al circuito gallery (no necesariamente "night") porque extraño los recorridos de María José.
No sé.
Lo último culturoso que hice es asistir a la conferencia de Alan Pauls en el Malba, que por cierto estuvo muy buena.
Mirando hacia el futuro (existirá?) ya tengo mis entradas para cafe tacuba (septiembre), mimí maura (octubre) y serrat-sabina (diciembre), de manera que por lo menos haré catarsis musical, diferente en los tres casos, pero son tres casos propicios para hacer catarsis de algún tipo.
En fin.
Tenía planes de viaje pero ahora, no sé, me parece que esos planes de viaje tambalean.
Cuando hablo de viaje hablo de 3 o 4 días, como siempre en los últimos tiempos.
Pero hasta esos 3 o 4 días son una meta de un camino plagado de obstáculos crecientes y consecutivos.
Eso me hizo pensar en un tópico que he debatido bastante en distintas circunstancias, con diversas personas.
La cuestión es si sirve de algo irse de viaje cuando se está deprimido. La opinión de la mayoría de la gente que conozco es que no, porque:
a. la depresión impide disfrutar de cosa alguna, luego nos impedirá disfrutar del viaje, luego uno vuelve peor por haber hecho un gasto improductivo, y
b. los problemas no se quedan en el punto de origen sino que viajan con uno al punto de destino, luego el irse de viaje es un escape ilusorio porque cualquier problema hará notar su presencia tanto en Buenos Aires como en Colonia Caroya o las Bahamas.
Lo que le quita seriedad a esos argumentos en determinados casos es que a los 5 minutos, 5 días, 5 semanas o 5 meses (la extensión temporal del factor no altera el producto), la misma persona que se esmeró en encadenar lógicamente tales premisas te envía por mail las fotos del viaje a Europa que hizo después de: cumplir 40, o 30, o 25 (porque se sentía vieja, fané y descangallada)/ que su psi le recomendara irse de viaje para superar una depresión/ pelearse con la pareja/ pelearse con la pareja, los padres, la abuelita, el plomero, el cadete del super y el loro del vecino/ etc, etc, etc.
Yo seguiré sosteniendo, hasta que la vida me demuestre lo contrario, que irse de viaje es -por lo general- lo mejor que se puede hacer en los peores momentos, tal vez porque:
a. creo en el concepto de gasto improductivo (siempre lo he dicho), y
b. prefiero estar acompañada de mis problemas tomando una caipirinha mirando el ocaso en las bahamas o comiéndome un sandwich de salame casero en colonia caroya que esperando media hora el 151 en la city (para que después vengan 5 seguidos).
Por eso es que creo que aun si hay que endeudarse para hacerlo (como debería hacer yo en estos momentos) viajar puede ser una excelente terapia, para quien tiene la oportunidad de hacerlo.
Yo me ido de viaje en momentos malos y peores. He sufrido, he llorado y me he sentido muy sola en esos viajes, pero fueron un breve fragmento de escape de situaciones donde la estaba pasando peor aún. Y si fueron un escape sólo en el sentido más limitado de ese término, igual reivindico esos instantes de ruptura con ese continuo agobiante que ya he descrito en algún otro post.
Concedo que cuando un viaje se hace en un contexto situacional muy triste o que nos hace infelices, es muy triste el regreso. Y sí, más de una vez he querido no regresar.
Mi interés por este tema en este momento puntual no es casual; a veces siento que mi vida se va haciendo triste, y más triste, y más triste, tal vez es que me esfuerzo mucho para que no sea así y el cansancio alimenta de alguna manera la tristeza. Y un viaje es, en cierta forma, un descanso, aun cuando esté colmado de actividades (que no suele ser el caso de los míos).
Y además es agosto. En agosto me mudaría de planeta, o dormiría todo el mes si eso fuera posible.

Desde hace un tiempo a esta parte detesto agosto, no me importa el transcurso del tiempo objetivo, los sentimientos pueden ser tan atemporales como se les antoje.

domingo, julio 01, 2007

it's my party and I cry if I want to

(you would cry too if it happened to you...
or maybe not)
El 29 de junio cumplí años y eso amerita un texto sobre vivencias personales de cumpleaños.
Pequeña cronología desordenada,
hace dos años envié un mail por mi cumpleaños y ese mensaje generó muchos más efectos que los que yo esperaba, o por lo menos distintos a los que preveía. Si lo analizo desde el punto de vista académico, fue una dinámica comunicacional interesante. Recibí de personas que no imaginaba respuestas que no imaginaba y que de alguna manera superaban el marco de las condiciones de recepción inscriptas en el texto original. Incluso fui criticada (sin mucha sutileza, y hoy en día pienso que eso fue adrede) a mis espaldas (literalmente) y por supuesto tomé esas críticas desde el lugar que venían. Pero hay formas y formas de decir las cosas y todavía hoy siento esa molestia en el corazón, porque tomo el hecho como una demostración de la absoluta incapacidad de ciertas personas para intentar comprender al otro. A veces la educación y la historia de vida son muy pregnantes y es difícil salirse de esos esquemas mentales.
Eso ocurrió (o se gestó) durante aquel día de mi cumpleaños del 2005, pero la noche fue bien diferente.
Y viví esa noche de miércoles -ese fue en efecto el día en que cayó- en circunstancias que en ese momento me resultaron bellísimas. Lo triste, profundamente triste para mí, es que las sensaciones que sentía esa noche jamás las he vuelto a sentir.
Me veo caminando por el caminito de olsen, con mi saco gris de celeste a, mi blusa celeste de paz cornú (la ex ex de barrantes), mi maquillaje en tonos rosa, mi pelo de otro color con peinado de hebillita y mi bolsa de rapsodia.
Recuerdo haber visto en algún momento de la noche la llamada perdida de Nat, que no devolví en ese momento, y que a su vez me hace acordar lo significativo de nuestro desencuentro durante su estadía de aquellos días. Todo tiene que ver con todo.
Y era otra mujer, o en algún sentido todavía era una niña, mucho más niña de lo que soy ahora.

Hace un año fue mi festejo en arguibel, con invitados selectos, un rogel exquisito y muchas expectativas que no llegaron a cumplirse, aunque reconozco que logré mantenerme a flote. Pero a nadie le gusta simplemente sobrevivir, lo normal es desear vivir lo mejor que se pueda, y no estoy hablando del mero sentido material sino especialmente del emocional.
De allí venía la percepción de que, a un mes de mi cumpleaños nº 30, sólo me quedaba esperar un milagro para que -aunque fuera en parte- esas expectativas se cumplieran.
Y no me importa si nadie me entendió y si nadie estuvo ni está de acuerdo conmigo. Yo me entiendo bien y sé todo lo que me esforcé y todo lo que luché -de manera invisible, subterránea, tal vez equivocada- para poder vivir de otra manera.
Si hay algo que este año pasado fortaleció en mí (no sería correcto decir que me lo enseñó porque ya lo sabía) es a no tomar en cuenta las opiniones de personas (concedo que a veces con la mejor intención) que ignoran lo que yo siento en este momento de mi vida.
Las convenciones del festejo y la alegría que se debe sentir en determinadas fechas no son para mí. Lo fueron en algún momento, como en mi festejo (relativamente multitudinario) en el glam living mechita de Milión, que le alquilé a la entonces no tan popular ernestina pais en persona. Recuerdo que el día que fui a señar yo tenía puesto el mismo saquito gris que usaría en esa noche de cumple en olsen dos años después y ernestina me lo elogió. Son detalles menores y sin trascendencia pero que por algún motivo quedan en la memoria.
Esa noche del 2003 fue realmente un gasto improductivo, un derroche al mejor estilo Bataille, pero comimos rico y en un lindo lugar. Eso es lo que merece la pena ser recordado. Pero ya no me apetece festejar así porque me es imposible dejar de sentir que todo eso, en el fondo, no es más que una gran puesta en escena que oculta realidades de miserias, tristezas y sentimientos impostados.
Era otra vida y ya se han desplomado las cosas que se tenían que derrumbar y que entonces parecían tan sólidas.
A algunas personas no les sucede nunca (bienaventurados sean), a otras les sucede después de muchos años y considero que a mí me pasó bastante joven y de ahí mi visión singular y crítica sobre ciertos tópicos. Que es lógicamente una visión sin retorno.

Hace un mes y días dije que estoy caminando en un camino solitario.
Y lo sostengo.

sábado, mayo 26, 2007

Confesiones de una mujer de (casi) 30

Cuando tenía 20 años fui a ver al teatro, en MDQ, la entonces famosa obra Confesiones de mujeres de 30.
Eran las temporadas de verano donde me iba de vacaciones a Mar del Plata con Carina, Natalia y familia.
Yo era pelirroja en ese entonces, pero para adentro también era bastante diferente.
Recuerdo perfectamente estar viendo la obra y pensar:
1. que nada de lo que decían esas tres mujeres (interpretadas en ese momento por andrea politti, alejandra flechner y virginia innocenti) representaba lo que pasaba en mi vida en ese momento.
2. que no me imaginaba que a mis 30 me pasaran las cosas que ellas contaban.
Este post no es para declarar que estaba equivocada sino que, por el contrario (como alguna que otra vez sucede), casi una década después, el tiempo me dio la razón.
No me siento en absoluto representada por lo que representaban playing those roles.

Mi vida a los casi 30 no está cargada de esos escepticismos-cliché en gran parte ligados a los ex, la ley de gravedad (hoy en re-versión sedal), y etcéteras varios que se pueden relevar fácilmente a partir de cualquier revista femenina.
Quizás porque mi vida en esta década de los 20 estuvo muy alejada de las convenciones sociales. Tomando como parámetro, como siempre aclaro, el grupo de referencia al cual "pertenecía".
Y en ese camino largo que un día me vio caminar quemé, en efecto, una biografía, y siento que ahora estoy quemando las últimas hojas.
Esas que me resistía a quemar, porque hablaban de recuerdos de épocas que por contraste parecen felices, o de momentos compartidos en compañías que entonces creíamos plenas, o de esperanzas que todavía tenían un futuro donde desarrollarse. Pero, aun a mi pesar, esas hojas se están desprendiendo de la biografía y caen caducas y marchitas a mi alrededor.
No estoy de acuerdo en que necesariamente decir adiós sea crecer, pero en todo caso a veces no queda otra.
Y ese, en una persona solitaria, es un proceso violentamente solitario.

La semana pasada fui a ver, como suelo hacer por algún motivo irresistible cada vez que se presenta, el concierto de KJ. Y en esa noche sentí toda esa soledad intensa y condensada a lo largo de unas horas gélidas de fin de mayo.
No se trató de esa noche puntual, se trata de algo que vengo sintiendo desde hace mucho.
Definitivamente tomé conciencia de que ya no tengo con quien compartir esos momentos. Porque mi vida se aleja en una dirección donde todavía no llegó a un nuevo destino, pero en donde la distancia recorrida ya no permite ver aquel punto de origen que algún día percibí que ya no era fuente de originalidad sino de rutinas que no me hacían feliz.
Yo aprendí muy bien a estar sola a lo largo de la vida y sé que tengo un doctorado en eso. Pero esta es una clase de soledad que yo desconocía.
Ver a los grupetes, las parejas y las madres y padres con sus hijas me recordó de una manera muy dolorosa ausencias, angustias y soledades.
Y aunque kevin me alegró mucho la noche, en un momento el telón se cerró y la tristeza salió a escena de nuevo mientras todos se iban a un lugar muy distinto de aquel donde iba yo.
Que no era aquel donde me dejó el taxi, es decir mi casa.
Y pagar ese taxi me hizo sentir en el colmo de la soledad, en muchos sentidos.

Eventos

sociales y culturales de los últimos días

el film la môme
la discusión acerca de la comunidad griega en la Argentina
el cumple de Marina (tecito lúdico y amable)
el concierto de KJ y The Nada
el cumple de Mariana (cantobar con canto de Malo incluido)

no mucho más. estoy hibernando física y emocionalmente.

viernes, mayo 25, 2007

No tengo ganas

Este es uno de los casos donde el grupo no es necesariamente mi estilo pero hay una canción que me conmueve. Para mí, esta canción es una especie de himno a la contradicción humana.
Y todos tenemos algo de contradictorio en algún momento de nuestras vidas.
Por otra parte esta canción me gustó desde la primera vez que la escuché y varios meses después la vida me llevó a vivir, de alguna manera, lo que expresa la letra. Puedo entender bastante bien lo que es no tener ganas de seguir, pero tampoco ganas de parar. La sensación de apostar a un caballo que nunca, pero nunca gana, con la esperanza de que el día que gane va a pagar de una manera que compense todas las pérdidas (un 100 a 1 por lo menos). La percepción de estar hace cuáaaanto tiempo hundiéndome en este agujero.
He dejado mi destino a la suerte alguna vez; me he vestido y he salido a buscar a algo o a alguien. Y he pensado en la persona en la que no debía, pero es que tenía, también, tantas ganas de verla!
También he estado intoxicada, con certeza, alguna vez.

Mención especial a los arreglos de tango, le van más que bien a la canción.
Y me saco el funyi de arrabal frente a LA frase que vivo tan, pero tan, a menudo...
tendría que pensar qué me está pasando, pero es que estoy cansado de pensar

Himno de Bariloche

Cuenta la leyenda (y alguna bitácora de viaje perdida por ahí) que en septiembre del 2004 me fui como acompañante de un grupo de chicas de la monona St. Margareth's school en su viaje de egresadas a Bariloche. Y nos tocó compartir hotel con los chicos del San Jorge...una combinación explosiva.
Hoy en día sé poco y nada de la vida de esas chicas y chicos, pero recuerdo varias cosas de ese viaje.
La mayoría de los recuerdos me conducen a no recomendarle la experiencia de ser acompañante de teens en un viaje de ese estilo a nadie...si reciben esa propuesta, huyan mientras puedan.
Sin embargo sería injusto no decir que hubo cosas agradables también, como el chocolate con torta en el havanna de la base del cerro, o los baños de sol en medio de la nieve. Todo lo demás es simplemente una experiencia de vida, algo épica por momentos.
Y como buena épica, tiene su himno, que es una canción que los chicos coreaban en alguno de esos boliches de la base del cerro.
Me refiero a El viejo, de La vela puerca.
La incluyo porque la asocio a ese viaje y a su parte divertida, además estos muchachos uruguayos de la banda me caen muy bien.
Y entiendo muy bien esa parte que dice "yo sé muy bien que no querés mirar atrás"..

Resposta

Hace ya bastantes años escuché por primera vez esa canción y adorei.
Incluso me compré el disco de skank por esta canción, tan alejada de lo que se conocía de ellos en Argentina.
La historia es muy simple: una versión femenina de cyrano de bergerac, una versión masculina de roxane, dos chicas veloces, un semáforo muy lento y una onda verde que nunca llega y permite que se desarrolle esta pequeña historia, que tiene una previa y supongo un continuará que exceden el marco del video. Si nos limitamos a lo que ocurre allí, el galán (por gata flora) se queda sin panes y tortas y los músicos, como siempre, ganan...
Es un video de miradas, eso me gusta.

La laguna del sauce y la pedrera del mar

(aqua post del 20 de marzo)

El finde del 10 de marzo me fui a Uruguay a tomarme algo así como un retacito de vacaciones, ya que este año no me las pude tomar y Jujuy con Pauli & cía. quedó tristemente colgado (ah! me quiero ir de viaje al norte).
Para compensar la falta de holidays, decidí darme un lujo y tomarme un pluna bue-pdp. Dado el temporal que había ocurrido en la city hace un par de días, hubo problemas con el transporte de combustible y el vuelo se demoró unos cincuenta minutos. Aproveché para ir a freeshopear y me aprovisioné de un Jackie Daniels que me cobró un cajero muy simpático.
Después me senté esperando the departure y muy cerquita mío, con su mujer, estaba sentado Jorge Guinzburg, muy pálido, espero que el sol del este le haya sentado bien.
El viaje fue un placer, los 10 primeros minutos la vista del river plate fue hermosa, parecía una alfombra serena y prolija con brillos del sol y veleritos aquí y allá. Después todo fue un manto de nubes pero esa vista para mí es muy agradable también.
En el último tramo el piloto hizo una aproximación muy buena y entró por los campos de la laguna, la vista era espléndida.
Y llegando a los escasos 45 minutos que dura ese viaje llegamos a curbelo, en rigor de verdad llegamos al aeropuerto viejo porque -visita de B. mediante- los US force copaban la pista.
Descendimos entonces en una mañana muy tranqui, mucho matrimonio y rubiecitas de taco producidas y maquilladas cual de gran soirée.
Tuve un día, digamos, apacible, près la laguna y el domingo partí a la pedrera, casa amarilla, la famosa casa de norma aleandro, la misma del año pasado, esta vez sin ladrones (gracias a Dios!!!)
Yo ya sabía algo de las mejoras, pero realmente la casa estaba mucho más linda y la pieza que construyeron en la terraza (hace un año mi deck-desayunador) remediaba el desperdicio de desaprovechar esa exquisita vista al mar.
Además agregaron una pile bastante piola.
De Maitena ni noticias, su casa parecía estar desocupada.

De manera que el domingo y el lunes hice playa, el sol brillaba a pleno (en especial el lunes) y volví con un color interesante que de todos modos ya perdí.
Deuda pendiente: esta vez no comí pescado, pero sí un panqueque con ddl en el sosiego. Y paseé un poco por el lomo de la ballena también, atravesando un pleno atardecer.

No sé cuándo volveré a tierras uruguayas. En estos momentos tal vez me causa más tristeza que alegría ir...no sé.
Quiero creer que la próxima vez me esperan un té y un buen día de spa en las cumbres...
Veremos adónde será mi próximo viaje, y cuándo.

Me quiero irrrrrr......
tomarme un avión, o un micro, o subirme a un auto
y viajar, simplemente viajar

Je vous connais, Milord

Esa canción me encanta por varias cosas, entre ellas la historia que hay detrás, es decir el romance entre ella y el bohemio Georges Moustaki, que era baaastante menor que ella.
Y si bien la canción se llama Milord y la letra se dirige a él, en mi opinión la canción habla mucho más de la mujer que la canta que del famoso milord. Porque si bien está claro que la cantante es una mujer "de la calle", esas palabras sólo pueden ser dichas por una persona de una gran sensibilidad. Y sólo pueden ser cantadas por alguien que ha vivido ciertas cosas. Pertenece a esa clase de canciones que no pueden ser cantadas por cualquiera.
Como dice la canción, je n'suis qu'une fille du port, une ombre de la rue. Y que

l'amour, ça fait pleurer

es cierto, lo sé bien. Ahora bien, será cierto también que,

comme quoi l'existence
ça vous donne toutes les chances
pour le reprendre après...

no sé. Todavía no lo sé.


miércoles, noviembre 29, 2006

breves del este

Necesitaba tanto, pero tanto, pero tanto, cambiar de aire, que este fin de semana (anticipidamente) dije basta, quemé las naves y me tomé la nave.
Es decir,
el jueves me tomé el buque (rápido) a Colonia, y desde ahí partí hacia Montevideo y luego hacia Maldonado. Un lindo viaje.
El viernes estuve un par de horas en una playa de las mansas. A la mañana no dabas diez centavos de uruguayo porque fuera un día de playa y finalmente resultó que sí. El mar estaba frío, tal lo esperable, pero transparente y brillante como el sol.
A la tarde fui a la tienda inglesa, sin dudas mi paseo preferido en la punta. Podría ir feliz todos los días a ese supermercado. Cómo me gustan los monitores flat que tienen las cajeras.
El sábado ya no era día de playa, estaba bastante nublado aunque durante el mediodía pude tomar un ratito de sol. A la tarde me fui a conocer Pueblo Edén (ah, los bellísimos verdes uruguayos) y a comer un panqueque con dulce de leche a Lapataia.
A lo largo de esos días comí pescado (cazón) y quesos, sin duda mis comidas favoritas.
Y el domingo estuve desafiando el viento frío, muy frío, caminando por solanas, respirando un poco de mar. Y a la nochue, bus a Montevideo, bus a Colonia y buque (lento) acá. Ese viaje es un paaaarto, la madrugada en ese lugar de Colonia es gélida, el cansancio mucho y la demora excesiva. Con tanto bus, espera, frío y molestias varias ese viaje se hace insoportable y se duerme poco y mal.
Y encima ese viaje es de vuelta y yo no quiero volver a mi vida de acá.
Una visita muy cortita, delicada, amable, pero que genera un contraste inevitable. Y cada vez más insoportable.

viernes, noviembre 10, 2006

Buenos Aires Photo





(publicado en noviembre en mi blog de Hotmail)
El viernes 20 de octubre me fui a dar una vuelta por Buenos Aires Photo, en su gran mayoría las fotos no me parecieron nada del otro mundo, había unas de una artista peruana que sí me gustaron bastante pero no me acuerdo el nombre, la tengo que rastrear.
Había de todo, fotos muy locas y fotos muy tradicionales. Lo que no deparaba sorpresas, una vez más, era la concurrencia, en su mayoria matrimonios bien de la zona recoleta, de unos 50 años promedio.
Otra serie que también me gustó mucho fue la de Daniela Edburg, una fotógrafa joven mexicana, que retrataba de manera muy plástica distintas situaciones de muerte. En mi opinión, en contraposición al tópico de debate "la banalización de lo dramático", las fotos de Daniela dramatizaban lo banal: las fotos tenían nombres tales como "Muerte por pastel", "Muerte por shampú", "Muerte por depilación" and so on, retratando a mujeres "atacadas" por elementos de su universo cotidiano, todas con una estética para nada oscura sino muy colorida y ligada al comic.
Incluyo en esta crónica la imagen de "muerte por oreos" y "muerte por nutella"; esta última no estaba en la muestra pero me hizo mucha gracia cuando la encontré, me trajo recuerdos de gente devota del nutella que conocí y me pareció un hallazgo la situación.

domingo, noviembre 05, 2006

Nadie sabe


(del barrio chino a la película japonesa a la tarde francesa)

así somos las chicas cosmopolitas, como todos saben.

Barrio chino
El jueves fui al concierto de kevin y the nada (música cosmopolita e intercultural si las hay) en un auditorio del barrio chino que desconocía, a pesar de ser de la zona. Muy muy lindo, muy cuidado y con muy buena acústica. Mucho más relajado que el del faena, el concierto estuvo como siempre impecable. Descubrí que no soy la única que asiste cual groupie a todos los conciertos y ya empecé a descubrir caras conocidas habitués de la experiencia keviniana (una de ellas estaba sentada al lado mío, y otra justamente atrás). Y descubrí qué tan cerca se puede llegar a estar de un escenario cuando se compra una entrada para la primera fila...

Film japonés
El viernes a la noche fui a ver Nadie sabe, una película japonesa que narra el caso -real- de cuatro hermanos, el mayor de ellos de 12 años, abandonados por su madre. Yo sé que suena a demasiado dramón para comprar una entrada en un momento no demasiado brillante de mi vida, pero me sentía tocada de cerca por la historia y la quería ver. Si bien coincido con Gaby -que me acompañó- en que la película no es excelente (no diría que por cuestiones inherentes al film, simplemente es una cuestión de gustos), a nivel personal reconozco que sí logró transmitirme un estado de absoluta angustia y desolación que me dura hasta ahora. No puedo olvidarme de todos los motivos (en el sentido semiótico del término) que el director utiliza con recurrencia para poner el acento en ciertos temas: la mano de Akira, el protagonista, sobre determinados objetos, transmitiendo ansiedad, ternura, angustia; las últimas monedas que representan los últimos recursos -no sólo económicos sino también emocionales- y que se consumen en un acto tristemente inútil; los chocolatitos apollo como un placer que se hace durar y durar; la silla que sirve de apoyo para ponernos a la altura de aquello que nos sobrepasa y que puede tambalear en cualquier momento.
Y por otra los colores, representados por los trazos de crayones, que son los fragmentos de luz y felicidad sobre las cuentas impagas (sobre un continuo oscuro y aplastante).
Esa es una de las cosas que me parecieron acertadas de la película: el mostrar cómo, aún en los peores momentos (o tal vez a manera de negación de esos momentos, consciente o no), mientras se tenga una parte de inocencia intacta, se puede jugar, reir y disfrutar.
Es decir, mientras se conserve una mirada infantil, más allá de la edad que se tenga. Pero el contrato de lectura del film no ignora que la mirada del espectador será una mirada adulta y que hará foco más bien en todo aquella crueldad e indiferencia que conforma el trasfondo emocional, el marco desenfocado que rodea al juego y que progresivamente va ganando espacio hasta ocupar el primer plano y hacerse casi insoportable para los espectadores que pueden reconocer zonas que les pertenecen en los personajes. No hablo sólo de zonas luminosas, sino también de zonas oscuras.
Me emocionó mucho el amor que demuestra Akira por sus hermanos, no a través de palabras sino de sus gestos, condicionados naturalmente por sus recursos y su condición de niño, que al fin y al cabo es lo que es más allá de la responsabilidad con la que lo enfrenta la vida. Cuando les entrega a sus hermanos los regalos que presuntamente son de su madre y que en realidad él tuvo que pedir -o suplicar- a los padres de cada uno (todos son hijos de diferentes padres), me conmoví mucho. O cuando le compra al hermanito los fideos que él quería y lo va a buscar porque no lo encuentra en la casa.
Hay varias cosas que me impactaron de la película. La indiferencia y el egoísmo de una madre con voz de niña eterna que no sólo abandona a sus hijos sino que incluso cambia de identidad para no ser encontrada más que cuando ella desee ser encontrada, su inoportuna presencia con recursos inoportunos en el momento inoportuno. La desidia de padres que no se hacen cargo de haber traido hijos al mundo. La decepción de descubrir que la amistad que creíamos sincera no es tal y la magia de descubrir el cariño en alguien cuando el mundo parece cerrar sus puertas en nuestras propias narices.
Emociones que no se transmiten a través de palabras, lágrimas o gestos desesperados, sino de miradas e imágenes que resultan muy expresivas.
Podría seguir hablando de la película, pero me quedo con el recuerdo de el personaje, que para mí es Akira; de su dolor, su amor, su resignación y sus esfuerzos, que -sin ser los míos- puedo comprender muy bien.

Y este fue un domingo completamente inútil, triste y donde traté de distraerme para sentirlo menos triste.

domingo, octubre 22, 2006

domingo, octubre 08, 2006

Faros (so far)


Hace unos días pasaron dos cosas casi simultáneas que trajeron a mi cabeza de una manera muy fuerte la imagen del faro y de recuerdos lejanos ligados a faros. Que, el hecho de que esté escribiendo da fe de ello, se encuentran ligados a vivencias cercanas.
Por un lado la publicación del nuevo disco de JD, cuyo título -12 segundos de oscuridad- hace alusión al ciclo de luz/ oscuridad del faro de Cabo Polonio. E inevitablemente recordé muchas cosas de mi viaje.
Por otro lado, la muerte de Eduardo Mignogna, que trajo a mi cabeza recuerdos de su película El faro. Es impresionante lo que lloré con ese film. Tal vez porque por los azares (y sobre todo por las causas, en las que creo) del destino me sentí muy representada por esa historia: la relación fraternal, la orfandad de las protagonistas, la débil presencia de una familia que no existe, la soledad, la sensación de una vida que se escapa y se escapa frente a nuestra propia vista.
Cuando el personaje de ingrid rubio le dice en su carta póstuma a la entonces casi ignota florencia bertotti que ella había sido su faro, creo que muy pocas personas deben haber sentido el sentido de esas palabras como lo sentí yo. No hay manera de que me acuerde de esa escena sin que se me llenen los ojos de lágrimas.

Cuando fui a Cabo Polonio no tenía este blog para escribir, si no naturalmente habría registrado las crónicas del cabo. Pero ni siquiera tengo un registro escrito; todo está en la memoria del alma.
Y dentro de ella hay cosas que recuerdo con mucha vivacidad. Por ejemplo mi llegada a ese paisaje agreste -y por momentos desolado- en pleno amanecer, haciendo la conexión micro-4x4 a pura intuición porque nadie te indica bien dónde bajarte y para andar por esos parajes sola hay que tener una cierta dosis de valentía, o ser muy temeraria.
Es por eso que estoy segura que no es que alguien elige irse de vacaciones al cabo, sino que es el cabo quien elige a sus visitantes. Debe darse una sintonía muy especial de energías para que alguien se sienta llamado por el lugar. No cualquiera se lo banca y lo puedo decir con conocimiento de causa.
No es fácil bancarse la soledad (aunque concedo que yo debía ser casi la única persona que estaba sola en mi casita, la mayoría estaba en grupo de amigos o familiar) para quien no está acostumbrado, no es fácil -para el ser urbano hiper-activo e hiper-estimulado- bancarse que la única actividad recreativa que ofrece el lugar sea ir a la playa, no es fácil bancarse la avalancha nocturna de mosquitos que se ríen de las pobres espirales que intentan frenar a sus huestes, no es fácil vivir sin agua corriente (este punto es sin duda el que más me costó, aunque entiendo que actualmente en la mayoría de las casas se han desarrollado sistemas alternativos a la cachimba, es decir el aljibe, para decirlo a la manera billiken), no es fácil vivir sin gas (especialmente en las noches frías) y no es fácil vivir sin energía eléctrica, aunque esto último no tenía mayor trascendencia para mí.
Podría agregar la ausencia de teléfonos cercanos (ni qué hablar de internet), pero en el pueblo hay un par y supongo que la tech de los celulares ya debe permitir hablar desde ahí. No lo sé.
Si me apuran, para una mujer sola, tampoco es fácil vivir en una casa sin medidas de seguridad decentes (no sé hoy en día, pero en ese momento creo que ninguna casa las tenía), pero no puedo decir que haya tenido miedo; si no, no hubiera ido. Pero hubo algo de inconciencia de mi parte también, ligada al deseo de salir de la zona de comodidad que empuja a la gente común a elegir vacaciones más convencionales.
Es obvio que yo formo parte de aquel grupo que volvería a ir.
En ese caso también existía la emoción de un encuentro esperado, que es una experiencia irrepetible.
Pero retomando las actividades de la vida cotidiana, al entrar en la rutina del cabo uno entiende que la llegada y la estadía allí son el punto de partida a un viaje hacia la introspección.
Recuerdo levantarme (sin despertador, naturalmente) e ir a sacar agua de la cachimba al mejor estilo laura ingalls, preparme mi modesto desayuno con el módico gas de una garrafa, ir a la playa (casi siempre nublada) con una colet siempre tibia que extrañaba la presencia de una heladera, poner al sol -que cada tanto hacía honores a los visitantes- mis piernas insoladas (cometí el error de no usar bronceador el día de mi llegada y hasta el día de hoy tengo las huellas de esa experiencia), las caminatas diarias, el encerrarme en mi ranchito cuando caía el sol y la noche todo lo cubría, el prepararme mi sopita quick para cenar.
Y por sobre todo mi gran programa nocturno que era pararme en la puerta de mi casita en plena noche cerrada y quedarme mirando las vueltas -rápidas- de la luz del faro, que por supuesto me iluminaba a mí y a la casita cada algunos segundos.
Ver girar el haz de luz intenso en contraste con la oscuridad plena era todo un espectáculo. No hacía falta mucho más.
Eventualmente subí al faro y más que la vista recuerdo el vértigo de estar en un balconcito mínimo, con una baranda de juguete y a una altura considerable con respecto al nivel del mar.

Pero el alma del faro se aprecia desde tierra, o desde el mar si es que uno está navegando.
Al hablar sobre el alma de su disco, Jorge Drexler dice que lo que realmente guía del ciclo de luz de un faro son los segundos de oscuridad.
Así es cuando a esos segundos de oscuridad les sucede un segundo de luz que permite apreciar el contraste.
Lo que sucede a veces es que la lamparita del faro parece haberse apagado.

martes, octubre 03, 2006

Picnic fashion

(going to Puerto Madero again)

Hace unos días decidí que iba a tener una primavera suntuaria y, haciéndole caso a las teorías del gasto improductivo de Bataille, conseguí una entrada para el recital de kevin johansen en el faena.
El building, como se sabe, es muy pintoresco y ecléctico; se suceden salones de los más diversos estilos a lo largo de un pasillo con techos muy altos que hacen del lugar un escenario casi cinematográfico. Las recepcionistas muy amables y además de ellas mucha, mucha gente transitando por el lugar, de todas las edades. Entre ellos Alan Faena, de blanco como siempre y que me relojeó cuando pasé al lado de él. Debió ser por mi sombrero. De la cintura para arriba me quise poner a tono con el anfitrión del lugar, me puse un saquito blanco de cora groppo (totalmente vintage, tiene añares) y un sombrero en un tela con flores, nuevo pero que también parecía vintage. Muy primaveral. Estaba un poco llamativa pero en un marco donde había mucha gente llamativa, en especial mujeres que debían estar a la pesca de algún turista.

Estéticamente te puede gustar o no, pero reconozco que el lugar tiene buena energía y es muy fácil sentirse a gusto.

Ya en mi mesita del purple lounge la pasé tan bien que por contraste la mayoría de las noches de mi vida de los últimos tiempos me parecen insulsas y desabridas. Todas las noches deberían ser como la de este 21 de septiembre.
Yo estaba en la mesa 8, es decir en la segunda fila de mesas. Pero justo es decir que aun estando en la última fila estás cerca del artista en cuestión, las dimensiones del salón son reducidas, de manera que no aplica el concepto de lejanía. Además de los fans había gente que supongo que cayó ahí medio de casualidad, porque en un momento de la noche alguién pidió "la canción de Resistiré" y Kevin, muy atinadamente, le respondió que si no la pedían por el nombre no la iba a tocar. Corría mucho champagne por casi todas las mesas y el clima se prestaba para despertar ánimos festivos y se notaba. Mucho grito, a cada rato; también gente que en un momento se puso a bailar arriba de la mesa, y un trencito que se armó intempestivamente y empezó a dar vueltas por ahí mientras kevin preguntaba quién se casaba.
La buena onda de Kevin y los chicos de the nada, como siempre, impresionante. Todos vestidos de blanco para estar a tono con el lugar (cortesía de Nicolás Cúneo que andaba dando vueltas por ahí, qué alto que es!).
Los solos de todos los músicos fueron impresionantes. Los de armónica de Massolo (no puedo creer esos pulmones) y los de flauta traversa de Andrés Reboratti estuvieron excelentes, pero todos los músicos tienen un nivel superlativo, y se complementan tan bien entre sí que en cada vivo te cautivan como la primera vez. Es imposible cansarse de escucharlos.

Así que, en un clima muy muy de festejo, con un público muy efusivo y unos músicos con la mejor onda, la noche no podía menos que ser alegre. Lo malo de esas noches es lo que señalé antes: son tan lindas que yo sé que es muy difícil que se repitan. Y el contraste con la cotidianeidad, ay, es desolador.
Me encantó cuando cantaron puerto madero, una canción muy apropiada para (y que no podía dejar de cantar en) ese lugar y bailé en mi silla todas las canciones.
Además de eso, no hubo demasiada actividad recreativa para mí en los últimos días. El finde pasado me fui a ver fuerza áerea s.a., que me pareció muy didáctica y clara en su mensaje de que ciertas cosas necesitan una resolución urgente.

Nights and weeks

(publicado en septiembre de 2006 en mi blog de hotmail)
El viernes 25 de agosto tuve una noche bastante diferente a la noche que había tenido hace exactamente un año: me fui a la gallery night, como acostumbro a hacer el último viernes de cada mes nieve, truene o diluvie.
La amable presencia de María José es balsámica, es una persona que transmite mucha paz y soy una early consumer de sus recorridos que mes a mes van ganando más adeptos. Cuando ella toma lista y dice "Señorita Riccio" yo siempre digo presente.
En realidad a esta altura voy porque pude integrarme a un grupo, ya no me hace gracia ir sola. Voy sola a muchos lugares pero el arte, así como también la comida cuando es outdoors, está más orientada al compartir. Todos en el grupo van en compañía: matrimonios, parejas gays, grupetes de amigas y Majo con su marido. Así las cosas.
Me gustaría encontrar algún partenaire que me acompañe pero no es tan fácil encontrar a alguien que guste del arte y además guste de asistir a esta clase de eventos. En especial si se trata de hombres.
En este recorrido, mención de honor a Cristina Trovato, a quien no imaginaba tan linda, es realmente preciosa para su edad, muy agradable, y encima pinta bien!
Lo bueno de tener tanta gallery night encima es que ya sé a qué artistas quiero tener colgados el día que tenga un local a la calle (que no será "las carteras de Ariana", ya tengo en carpeta un nombre más original y que me encanta). Voy a hacer una ambientación de género con obras de la citada Cristina, Cora Davis y Zulema Maza. Y voy a pasar a lo figurativo con un cuadro de la serie de botes de Javier Duarte. La imagen del bote es abierta en muchos sentidos y me siento muy representada por esa parte de la obra de JD.
En honor al LF cerramos el recorrido con dos muestras fotográficas que me gustaron mucho, una en Palatina y otra en Vasari.
la de Palatina era de fotógrafos varios que habían retratado a artistas varios. la de Vasari tenía fotos de Saderman, Heinrich, Makarius y Grete S.
Noche del jueves 1º de septiembre: festejo con Laurita, Natalia y Sol. Se sigue agrandando la familia del colegio y en este caso me tocó ser tía a mí.
Y en el medio, el jueves, asistí al recital de Paulinho Moska y Kevin...dos personajes que se complementaban muy bien. Por razones varias (que no están relacionadas en absoluto con la calidad de la música, impecable) no disfruté tanto el recital. Pero bueno. Fue una noche ocupada más.

Music&Gallery Nights

(publicado en agosto de 2006 en mi blog de hotmail)

Debería comenzar por la gallery night de palermo viejo del 14 de junio, pero como los últimos meses han sido ajetreados no recuerdo mucho. Lo que sí puedo decir sin temor a equivocarme es que debe haber sido la primera vez en muchos años que fui a esa zona a hacer otra cosa que no fuera ver ropa (o comer).
El recorrido valió el esfuerzo de vencer el cansancio e ir por la amable presencia de María José, que es una guía completamente idónea para estos menesteres. Recorrimos algunas galerías muy interesantes y bastante diferentes en su estilo a las de Barrio Norte-Retiro, con mayor presencia de artistas jóvenes. Me gustó mucho una muestra de una galería de la calle Gurruchaga -cuyo nombre no recuerdo en este momento- donde se exponían fotografías y tuvimos el placer de escuchar a Santiago Correa con su nikon colgando, muy simpático. También tuvo su gracia la visita a la gallery de Teresa Anchorena, donde nos cruzamos a Telerman y a señoras bien de pashmina y pudimos escuchar los relatos del encantador artista Pino, una persona ideal para compartir una charla entre copas. Debo reconocer que al primer golpe de vista sus obras no me llamaron mucho la atención pero al conocerlo y escuchar la-historia-detrás-de-la-obra comenzaron a resultarme interesantes. A veces sucede así. De ahí nos fuimos a otra galería donde exponían arte digital y estaba un entusiasmado Polesello departiendo con sus fans.
A la siguiente GN no fui porque era el día después de mi cumple, hacía mucho frío, y encima Argentina había perdido contra Alemania.
De manera que volví al circuito en julio, en una noche completamente gélida, más que aquella de junio. Realmente había que tener amor al arte para concurrir y se notaba la merma en la cantidad de gente que suele asistir, aunque nuestro grupo era mucho más nutrido que otras veces. Tuvimos la posibilidad de escuchar a tantos artistas que el recorrido se extendió hasta las diez y media y las galerías ya estaban cerrando. Todo muy lindo, me gustó la expo de Cristina Trovato en el 1º piso del Alvear, donde excepcionalmente además de las copas circulaban unos sandwiches de miga de muy buen aspecto que ofrecían unas promotoras rubias de un estilo muy Cameron Díaz. Igualmente yo nunca como en este paseo, sólo puedo llegar a beber alguna copa, pero para tomar tomo en otro lado. De cualquier manera opino que arte y drinkies forman una buena combinación, me parece acertado tener a bodegas entre los auspiciantes.
Y el viernes pasado me fui al Kafka Concert del Malba, una experiencia rara como casi todas a las que tuve la oportunidad de asistir en ese lugar. Nada que ver con un concierto de violín tradicional, pero sin duda fue una experiencia interesante. La cantante declamaba de una manera muy histriónica los textos en alemán y la violinista parecía muy virtuosa. Además el marco que le daban las fotos byn de Cóppola -el concierto se hizo en esa sala- era muy apropiado para completar la sensación de estar viviendo una experiencia artística integral. Lo único fue que en un momento me bajó tanto la presión que prácticamente tuve que tirarme al piso porque me caía.
Tengo mucho más para escribir, lo haré en cuanto disponga de tiempo.

Sábado, la chorrillana de Pepita

(sólo para entendidos gourmet)
(publicado en mayo de 2006 en mi blog de hotmail)

El sábado 25 temprano nos fuimos a recorrer una feria-mercado popular de viña. Pescado, frutas a punto de pudrirse, frutas verdes, moscas, revistas viejas, tornillos oxidados, zapatos vintage, juguetes retro: todo eso mezclado y confundido a lo largo de una hilera formada por unas decenas de puestos más o menos precarios cuyo exponente más informal lo representaban unas lonitas tiradas sobre el pasto.
De ahí nos tomamos un colectivo a Reñaca, una playa semi-vip (vip sería, por ejemplo, zapallar, el caribe chileno) y lo primero que hicimos fue ir al s-mall (porque de tan chico no califica como mall) y luego fuimos a hacer una caminata reparadora por la playa, que ostentaba tremendos carteles de "Prohibido bañarse". Si bien había mucho sol, el clima invitaba a hacerle caso a esas imposiciones.
Después fuimos al super porque teníamos hambre (el kiosco no nos alcanza) pero justo en eso llamó el hermano de Natalia y volvimos a viña para ir a valparaíso.
Para viajar nos tomamos un subte cuya estación, a metros de la quinta vergara, era transparente y modernosa. Pero lo que realmente me llamó la atención de ese metro fue que después de haber hecho un trecho subterráneo emergió a la superficie y salimos a la luz. Una interesante combinación de viaje under y on-the-ground.
Y después de esa novedosa (para mí) experiencia, nos fuimos a almorzar, nomás, a un lugar perdido y escondido, muy estilo bodegón de san telmo antiguo, de esos muy rasca pero a los que va todo el mundo. El nombre no lo recuerdo pero es el típico lugar de valpa para clavarse una chorrillana.
Y qué es una chorrillana? (de hecho esa fue mi primera pregunta turística-gastronómica)
Es una patada al hígado, pero con gusto. Quien la ha probado lo sabrá, plato para compartir si los hay.
Se trata de un colchón de papas y cebollas fritas con huevos revueltos y tiritas de carne -también fritas- por encima. En este caso, entonces, una interesante combinación de aceite, carne, papa, huevo y cebolla. Y arte.
El título de la crónica alude a que si uno va caminando por las callecitas de alguna ciudad chilena (al menos las que yo recorrí) es usual encontrarse con puestitos al paso con nombres de ese estilo, que suenan bastante extraños para el que no está habituado a manejarse con esos términos.
Otro detalle simpático fue el paso del tranvía por las callecitas, no como curiosidad turística sino como medio de transporte habitual de los lugareños.
Pero para conocer una ciudad hay que hacerlo de a pie y después de la chorrillana hice en un par de horas ejercicio para todo el otoño que entonces recién estaba comenzando.
Porque, si bien me habían avisado que en Valparaíso iba a tener que caminar y bastante, mis previsiones se habían quedado muy cortas con respecto a lo que fue la realidad. Yo creía que estaba en estado y contaba con resistencia para esas cosas, pero la experiencia me demostró que no tanto como yo pensaba.
Por supuesto el tema no era la caminata, sino la pendiente, sumamente pronunciada y empinada. Pero valía la pena porque en esa suerte de universo construido hacia arriba que es la ciudad antigua (recientemente designada por la Unesco patrimonio de la humanidad) todo es pintoresco y todo merece una mirada atenta.
Y la vista desde las alturas es espléndida: los edificios, el puerto, los grandes barcos; toda una serie de elementos modernos enmarcando ese enclave colonial que a pesar del tiempo logra conservar su identidad.
Bajar bajamos en ascensor, como era de esperarse.
Después paseamos un rato por el centro y por el puerto, y la idea hubiera sido hacer un paseíto en lancha, pero el tiempo nos jugaba en contra y Nat y yo teníamos que volver a Santiago.
Ya de noche partimos y cuando llegamos a Bellas Artes dejamos las cosas y salimos a despedir la última noche.
Pero no disfruté esa salida por muchos motivos, obviamente muchos exceden lo que es propicio contar. Mi principal impresión de esa noche fue la sensación de que Santiago era una ciudad agresiva y especialmente agresiva con las mujeres solas, que como Natalia se deben adaptar a esa realidad. No digo que en Buenos Aires no ocurra lo mismo, pero por desgracia -y a medias, nunca completamente- uno lo va naturalizando y tal vez lo nota más en otro contexto urbano.
Fue una noche triste.
Y el domingo a la mañana la tristeza me seguía haciendo compañía y no parecía tener la más mínima intención de irse.

Viernes, Mar y mariscos

Crónica de hace dos meses y días
(publicado en mayo de 2006 en mi blog de hotmail)

Viernes 24 de marzo...a ver, tuve un breve recorrido turístico por Viña del Mar y me saqué una foto (que aún no tengo) en el reloj de flores. Después fuimos a caminar por la costanera, donde había unos edificios con jardines impresionantes y los típicos edificios-de-departamentos-en-terraza. A la hora del almuerzo nos fuimos al shopping (igual que todos) y después nos fuimos al super (creo que era el Líder) a comprar algo dulce para una merienda en la playa. Luego de estar recorriendo góndolas por una hora haciendo un inventario de budines, alfajores, galletitas, tartas y masitas (y por qué no de las empanadas de pino, nunca entenderé el por qué de ese nombre) me decidí por un pastel de tres leches esperando que fuera más auténtico que el de Xalapa (el restó palermitano). Para que el empalague fuera total me compré una gaseosa de ananá y una vez provistas partimos hacia la costa de viña. El día estaba precioso y nos sentamos en el pastito, entre las palmeras, con un caniche toy jugando por ahí. El pastel de tres leches resultó delicioso y me hizo ratificar la opinión -muy a mi pesar- de que el manjar chileno no tiene nada que envidiarle al dulce de leche.
A la tarde seguimos paseando por la costanera donde, creyendo que eramos turistas noruegas, una promotora misionera nos regaló unos paquetitos de yerba y nos comentó las bondades de ese yuyo raro. Pero antes de eso habíamos recalado en un puesto para que yo me hiciera la trencita viñera (que aún conservo) y me viniera con el souvenir incorporado. Ilusa de mí, pensé que iba a estar diez minutos en ese trámite; pero se ve que la artesana que me hizo la trenza no dominaba el macramé y estuve sentada más de media hora eteerna en una postura horrible, muerta de frío y a punto de perderme el atardecer. Yo venía de ver al sol salir en la pedrera y ahora, ya sobre el pacífico, tenía un atardecer al mejor estilo punta del este, es decir con el sol escondiéndose en el mar. Una divinura de la que agarré justito el final; al fin y al cabo lo más importante.
Esa noche fuimos al puerto de Viña a comer mariscos, mi plato preferido, el que estuve esperando toda la semana. Como entrada comimos (Magnolia y yo, porque ni Nati ni el hermano comen pescado y frutos de mar) un festival frío de mariscos donde había de todo, incluso un espécimen de color rojo ladrillo cuyo nombre no recuerdo y que a mí, que creía que no existía en el mundo marisco que pudiera no gustarme, no me gustó nada. Probé los mentados locos (mejor dicho "el" loco, que Magnolia gentilmente me cedió, se ve que deben ser raros y caros) y eso sí que me gustó.
Después pasamos a lo caliente y pedimos una inmensa cazuela que pretendían que me comiera yo sola; por supuesto fue una misión imposible y se la tuvo que terminar Magnolia.
El vino no recuerdo cuál era pero mucho no me gustó, estimo que no había sido bien conservado.
Y después volvimos a casa y a eso de las dos de la mañana hubo un llamado de los amigos de Nat (los de las condes) pretendiendo que saliéramos; lástima que ellos estaban en santiago y nosotras en Viña...