domingo, marzo 08, 2009

17 de febrero

Una chica baja del cot que la llevó desde la terminal de punta del este hasta la agencia de punta del diablo. No viene al caso contar la trastienda de la pequeña historia que la llevó hasta ese pueblo, en el que había estado sólo hace una semana (sólo que en aquel momento con un techo garantizado donde pasar la noche).

Lo que viene al caso ahora es que son las ocho de la noche (pasadas) del 17 de febrero.

La chica piensa:

S. me había dicho que iba a estar acá esta semana con el marido y las nenas, ¿cómo se llamaba la casa donde me dijo que iba a estar?

Y como de algún lado le suena el nombre bahía pindó, se convence a sí misma de que ese era el nombre de la casa donde S. tiene que estar. Sin duda alguna.

Claro, ella confía tanto en su memoria que nunca se le ocurrió revisar si el nombre de la casa, efectivamente, era ese.

Sabe que le queda media hora de luz solar y que si no encuentra la casa su nochecita va a estar complicada, pero ella viene de una mañanita -y si hilamos más fino de una vida- complicada, de manera que por el momento la situación no la asusta.

Pregunta por la casa en la oficina de orientación turística y se da cuenta de que a pesar de las indicaciones que allí le dan no entiende cómo llegar a esa famosa casa (y lo peor es que se da cuenta de que la chica que le da las indicaciones no tiene mucha más idea que ella).

Una incipiente sensación de ansiedad avanza, pero ella confia en que (todavía) está un paso más adelante que esa sensación.


Después de veinte minutos de caminata sin la más remota pista de la casa donde S., piensa ella, debe estar feliz asando chorizos -extra- cattivelli en el parrillero, podría decirse que la sensación de ansiedad y ella ya van a la par y mientras que su ansiedad parece rozagante cual conejito de duracell, ella parece una ama de casa agotada de esas que salen en los avisos de mister músculo (y además de agotada se siente fastidiada porque detesta a esas amas de casa estilo desperated housewives que salen en los avisos estilo mister músculo).

La noche empieza a caer y ella pasa por un hotel cuya recepción está en una especie de stand sobre la callecita de tierra. Le pregunta al chico que está en ese stand cuánto le falta para llegar a bahía pindó y él le dice que le faltan unas tres cuadras, pero si le hubiera dicho que le faltan tres kilómetros hubiera sido lo mismo porque en ese momento ella se da cuenta de que no va a encontrar lo que está buscando. Y se viene la noche, nomás.

Tres o cuatro solitarias cuadras después llega a bahía pindó pero S. no está ahí. A esa altura de la soirée a la chica eso no la sorprende, desde hace unos metros ya sabía que su incursión rochense no la iba a llevar al puerto que ella esperaba.

Para ese momento ya es bien de noche y su camino la llevó bien lejos del pueblo. Emprende su camino de vuelta pero no sabe bien qué hacer. En esa zona no hay personas a la vista y las casas están bastante distantes una de otra.

De repente escucha a dos personas correr y cuando se da vuelta advierte que son dos hombres. Siente que sus pretensiones de wonder woman se fueron definitivamente al tacho y comienza a correr también (con zapatitos sarkany y maxibolso dorado a cuestas, pero en defensa de nuesta protagonista aleguemos que su viaje fue improvisado y no contemplaba corridas de emergencia) hacia la primera casa donde ve gente. Le pregunta lo primero que se le ocurre a las dos chicas que están en la terraza y se siente acompañada por un momento, aunque ni registra la respuesta que la dan. Mientras tanto los dos hombres pasan corriendo y ella se da cuenta de que eran simples turistas haciendo ejercicio.

Pero estando sola en un lugar casi desconocido, con las personas encerradas en sus casas y ningún ser humano a la vista, todo le resulta amenazante y su desesperación comienza a crecer en forma directamente proporcional a la silenciosa oscuridad que va reinando en el ambiente.

Las dos únicas cosas que atina a hacer son empezar a llorar y enviarle un mensaje a A., que poco la va a poder ayudar porque está en Buenos Aires. Pero necesita desahogarse con alguien y si conociéramos la trastienda de su incursión intempestiva a punta del diablo sería comprensible el por qué recurre a A. para eso.

Ninguna de esas dos cosas la puede ayudar en forma práctica, sin embargo, y por suerte su instinto aventurero de auto-conservación se reactiva y ella se acuerda del chico de la recepción del hotel con el que habló hace unos veinte minutos y camina hacia ahí como si su vida dependiera de ello.

Mientras camina hacia ahí A. la llama y su tono de alarma se mezcla con el “ya sabía que te ibas a perder”. Ya es tarde para el te lo dije, piensa ella, que está llegando al hotel, le corta y le dice que después lo llama. El problema es que está llorando tanto que piensa si A. habrá entendido lo que le dijo.

En ese estado lamentable vuelve a la recepción del hotel por el que pasó hace unos minutos y en treinta segundos le explica su situación al chico del front desk. Es de noche, está perdida, lejos del centro, no tiene reserva en ningún hotel, no conoce a nadie, no tiene dinero. Y es mujer.

Sabe que su única solución es encontrar a una buena persona que la ayude y ella confía instintivamente en que ese chico es una buena persona.

Por lo menos el chico evidentemente se compadece de su aspecto y le pide que se tranquilice. Ella intuye que la cantidad de lágrimas que acaba de derramar en los últimos quince minutos rivaliza con la cantidad de lluvia caída hace pocas horas en suelo uruguayo. ¡Ah! Si tuviera un pluviómetro para medirlo.

A falta de un aparato de esas características, ella llora sobre el celular que todavía tiene en sus manos y entre cuyas varias funciones no se encuentra sin embargo la de medir la humedad ambiente. Quiere hablar y decir algo más o menos coherente pero no puede. El chico de la recepción no sabe que hacer y la invita a tomar un café y a sentarse. Él agarra una sillita y se sienta a su lado.

A. vuelve a llamar y la reta por no medir las consecuencias de sus impulsos aventureros y le dice que tome el primer cot, copsa, rutas del sol, de la pachamama, o lo que sea, y que se vuelva para maldonado.

La chica se reta a sí misma por su falta de previsión y porque una vez más su espíritu aventurero la puso frente a los límites de sus posibilidades de viajera solitaria. Y sigue llorando. El celular se corta porque tanto uso alegre en uy le agotó el crédito y A. le dice vía sms que busque un fijo para poder llamarla.

Ella trata nuevamente de hablar con el chico de la recepción pero parece que hubiera sufrido una regresión a las épocas de la escuela primaria donde la hacían separar las palabras por sílabas (las lágrimas le cortan la respiración y eso no contribuye a la fluidez del lenguaje).

De alguna manera el chico entiende que ella le pregunta si le puede llamar un taxi y si hay algún micro que salga para maldonado a la noche o a la madrugada, pero él le dice que considera que no es lo mejor para ella irse a tomar un micro a esas horas, que ellos en el hotel no tienen lugar (y la chica piensa que de todos modos ella no tiene dinero para pagar), pero que le puede buscar un hostel, que conoce uno que está a una cuadra de donde él vive, que su turno termina a la medianoche y que si ella está dispuesta a esperar (en ese momento son apenitas las nueve de la noche) no tiene problema en acompañarla.

Ella sigue confiando en que él es un buen chico y piensa además que la única manera de irse sola en ese momento sería que él le llamara un taxi y que entre los dólares y los uruguayos que ella lleva encima no va a poder pagar el taxi y el hostel. El chico intenta llamar al celular de S. pero da ocupado, y los mensajes que le envía ella no reciben respuesta, de modo que ambos conjeturan qué puede haber pasado con S. y ella supone que por algún motivo ni S. ni su familia están ahí.

De manera que se resigna a esperar tres horas, en las que no comerá nada, seguirá llorando (pero en su maxicartera tiene carilinas), hablará de la belleza de las playas uruguayas, de la vida nocturna de buenos aires, de cómo derrocha el agua la gente y de varias otras cosas. Y se enterará, ya hacia la medianoche, de que su gentil interlocutor se llama T.


En un momento T. le pregunta si había estado antes en punta del diablo y a ella le da vergüenza decir que sí, y opta por responder con un “no” que no considera tan distante a la verdad tomando en cuenta que ella había estado muy poquito en ese lugar.

La noche es cálida pero ella se siente tan destemplada que lo único que desea es que las horas pasen rápido. A. le sigue enviando mensajes y le pide que le avise cuando llegue sana y salva al hostel. T. comenta a su vez que hechos como los de esa noche demuestran que a las mujeres no se las puede dejar solas, y ella piensa que no es una frase feliz en esas circunstancias, pero la deja pasar porque T. fue, sin discusión, solidario y respetuoso con ella.


Finalmente llega la medianoche y así comienza una travesía a través de la nada misma, un cruce por un terreno desierto donde sólo se ven a lo lejos algunas casitas, la única luz es la de las estrellas y sólo se escucha ese silencio típico del campo, tan distinto al silencio (si es que se lo puede llamar así) urbano.

Y ella, a la que habitualmente le encanta el silencio, comienza a sentir una necesidad imperiosa de escuchar algo, aunque más no sea su propia voz, y empieza a parlotear de cualquier cosa intentando que la conversación con T. la distraiga de la situación y la haga olvidar que está caminando con un desconocido por un lugar despoblado.

Unos quince o veinte minutos después llegan al hostel, bastante alejado del pueblo. Ella piensa que no sabe cómo va a hacer para llegar a la parada del micro a la mañana siguiente, pero en todo caso sabe que ya no hay nada que pueda hacer en ese momento.

Es su primera (y única, ruega mentalmente ella, que no se siente capacitada para repetir la experiencia) noche en un hostel y se siente incómoda nada más cruzar la puerta, tomando en cuenta que viene de muchas noches solitarias y no estaba en sus planes compartir una habitación con personas desconocidas.

En el cuarto que le dan hay tres camas marineras y dos chicas durmiendo. Como la cama que le toca a ella es una de las de arriba y sabe que lo más probable es que despierte a alguna en el intento de armarla, renuncia a hacerlo en ese mismo momento.

Unos minutos después regresa T. y la invita a comer a un complejo de cabañas de nombre santa maría que queda justo enfrente del hostel y tiene un pequeñito restaurante. Se sientan en una mesa que está en una especie de terraza, frente a una pantalla donde pasan fragmentos de recitales.

Atrás de ellos un grupo de cinco personas conversa muy entusiasmado y en un momento la chica pesca la palabra “alabarces” y, francamente, no le sorprende porque punta del diablo (y rocha en general) es muy perfil sociales uba... ahora, pescar justamente esa palabra le confirma que esa noche no es su noche.

Mientras tanto habla con T. de las mujeres porteñas, las relaciones de pareja, los hostels y la vida nómade, come pizza a pesar de que los nervios lograron el milagro de sacarle el hambre y toma cerveza pensando que le vendría mejor un jackie d. para esa noche de demasiadas emociones... o que incluso aceptaría un destilado de ancap en esas circunstancias, aunque por supuesto si algún día la apuraran para que lo admitiera ella lo negaría.

Antes de irse intercambian mails y ella le promete a T. que le escribirá para contarle qué pasó con S., es decir si no estaba, si sí estaba, en ese caso en qué casa estaba, y por qué no contestaba los mensajes enviados a su celular. Finalmente ella encontraría la respuesta a esas preguntas, pero ninguna de ellas podría modificar lo ocurrido ese 17 (en ese momento ya 18) de febrero.

Al volver al hostel ya eran más de las dos de la mañana y ella decidió quedarse en la sala mirando la tele. Lo único pasable era una serie de abogados que daban por fox, pero a la décima vez que repitieron el aviso de “llamá a belén al 2020 y enterate de sus secretos más calientes” la chica no aguanto más, apagó la tele, y se quedó sentada con la cabeza apoyada en un almohadón, rogando que su cansancio fuera mayor que sus nervios y le permitiera dormir algunas horas, sólo algunas horas.


El 18 de febrero a las siete de la mañana se despertó en el sillón de la sala del hostel, previsiblente contracturada. Dos horas después ya estaba en un cot de regreso a san carlos.

Y 18 días después lloraba otras lágrimas, extrañando aquellas.

lunes, septiembre 08, 2008

Y/O

Domingo, hace frío, es un día sensible, tengo mil cosas para hacer pero siento la necesidad de escribir, cosa que hace bastante que no hago (salvo por motivos laborales, claro).
Hace ya bastantes días estuve mirando la entrevista que la LL (lunch lady, aka la legrand) le hizo a fernando peña. interesting.
Lo que me quedó dando vueltas en la cabeza fue un comentario de peña acerca de la gente "Y" y la gente "O".
Básicamente, la gente "O" es aquella que elige una cosa u otra. es blanco o es negro. si es gris, no es.
Mientras que la gente "Y" es la que quiere una cosa, y otra, y otra... o se siente de una manera y de otra -en apariencia incompatible- en diversos planos de su vida. Esas cosas no siempre parecen tener sentido para los demás, un clásico aplicable a muchas situaciones sería "No estoy seguro/a de que sea lo mejor para mí, Y sin embargo me quiero quedar ahí". Reformulada por un "O" -seres que poseen el don del sentido práctico- la cuestión sería "Si no me hace sentir bien, me hace sentir mal. Me voy O voy a terminar hecho/a pelota."
Aquí se podría iniciar un primer nivel de discusión, que es el de si la gente que en algunas cosas es "O" puede ser "Y" en otras, y viceversa. O si cualquiera de las elecciones en uno u otro sentido define una actitud ante la vida que posiblemente se repetirá en todas sus áreas.
Mi opinión es que esa cuestión es la que finalmente puede revelar un spirit de coherencia en la gente "Y", porque -justamente como creen en los grises- pueden darse el lujo de ser "O" en determinadas cuestiones: "En esto soy 'Y' y en esto soy 'O'". Y los "O" son, finalmente "Y" en algunas cuestiones. Igualmente considero que en todos predomina una de las dos tendencias, la "Y" o la "O", que se revela a través de numerosas acciones cotidianas, aun las más mínimas (y quizás especialmente en esas).
Entonces podría abrirse otro subnivel de discusión, que sería en qué puntos una persona mayoritariamente "Y" elige ser, justamente, "Y" y en qué temas prefiere optar por una cosa o por otra. Y si por esa elección está dispuesta a accionar (y no meramente a re-accionar) y, eventualmente, a modificar otras circunstancias de su vida.
Ejemplo menos conflictivo que uno sentimental (aunque, si me apuran, concedo que la elección de dónde vivir es para muchos una cuestión sentimental): vivo y trabajo en Buenos Aires pero quiero vivir en una ciudad que sea plenamente urbana Y tenga una linda playa Y tenga montañas.
En apariencia esas aspiraciones no son fáciles de compatibilizar, pero la geografía del mundo es muy generosa y ofrece lugares de esas características. Por eso, cuando dejamos de pensar de manera localista -por no decir porteña- y empezamos a abrir un poco los mapas (mentales y mundiales) descubrimos que ¡oh! esos lugares existen. Habrá que hacer muchas (o no tantas) cosas para llegar ahí, pero yes there's a way dude.
Si soy "Y" hasta las últimas consecuencias, y vivir en un lugar así implica, para comenzar, tener que renunciar a mi trabajo actual y buscar otro en la ciudad de mis sueños, sin parar hasta que lo consiga, es obvio que lo voy a intentar hasta las últimas consecuencias. Yendo más allá, si la proposición Y fuera "Quiero mudarme a otro país Y quiero seguir viendo a mis amigos todos los días" la cosa, por supuesto, se torna más complicadita. Porque esa es otra arista del cubo, que descubrimos cuando sus caras comienzan a girar: no se puede ser "Y" en todo, y la gente "Y" bien lo sabe. El top of the list de los Y Fundamentals dice que la cantidad de términos que pueden estar enlazados en una proposición es finita e inversamente proporcional a la cantidad de intereses de gente "O" -en última instancia, también de gente "Y"- que se verían afectados de algún modo en caso de que esos términos fueran llevados a un plano concreto.
Volviendo a la situación-ejemplo, supongamos que quiero tanto pero tanto conseguir el trabajo en la paradise city que, inevitablemente, lo consigo, porque para mí NO había otra posibilidad. Y entonces, se podría decir, también soy "O", porque mi actitud dice a las claras que mi vida será lo que quiero que sea, si no no será nada. Es por eso que creo que los "Y" pueden salir airosos de un debate acerca de la coherencia de sus elecciones, porque bien pueden decir que incorporar la "O" a las premisas que formulan para definir esas elecciones es una condición necesaria para que tales premisas sean un manifiesto, algo por lo que para ellos valga la pena actuar y que, además, ante la mirada ajena resulte sensato o -al menos lejanamente- comprensible.
Es como la (famosa para cualquiera que haya estudiado algo de comunicación o sociología) cláusula del etcétera. Es decir, aquello que no hace falta decir porque forma parte de un saber no siempre formalizable en un discurso textual pero sí (supuestamente) conocido por todos, aunque sea de forma intuitiva. Y esa cláusula es lo que valida y justifica al discurso que se encuentra inmediatamente antes que ella.
El "supuestamente" hace referencia a que cuando se intenta formalizar la cláusula no siempre se logra de manera satisfactoria, lo que puede ser un indicador de que el discurso sobre cuya cláusula se está tratando de teorizar no tiene un fundamento valedero.
Retomando el ejemplo de la frase "Y", quiero vivir en una ciudad y desde ahí quiero llegar al mar en 15' y al campo en 30' y a las montañas en no más de una hora. El agregado "O" sería: "o voy a ser un frustrado infeliz amargado, que posiblemente va a hacer infeliz a otros, durante toda mi vida". Variante: "o no voy a estar respetando mi verdadera esencia, que me llevó mucho tiempo descubrir, y ahora quiero disfrutar".
Como podemos deducir sin demora, esas cláusulas "O" pueden aplicarse después de cualquier proposición "Y", se refiera a profesiones, comidas o relaciones de pareja.
Otro nivel de análisis sería si lo expresado en la cláusula "O" es tan así o es un agregado ad hoc hecho por un rebelde sin causa para demostrarle a los otros que sí la tiene (aun cuando sea más emocional que racional), o si sería posible contrastarla con lo que efectivamente sucede tiempo después de formulada la proposición "Y" de no haberse cumplido ésta.
Pero acerca de los sentimientos de cada persona, les dejo los dimes y diretes a Dios y al psicoanálisis. Ya bastante me cuesta trabajar con los míos como para ocuparme de los ajenos.
Por lo tanto, tanto en la teoría como en la vida, elijo creer en lo que los demás dicen que sienten.
Primera conclusión a la que llego después de este limitado análisis: la "Y" necesita de la "O" no sólo para justificarse ante los demás (cosa que no siempre es del interés de la gente "Y"), sino para autojustificarse.
La cuestión se complica cuando las elecciones involucran a otras personas con las que nos relacionamos afectivamente. Por lo general, por una cuestión de afinidades energéticas, endogamia, o como se le quiera llamar, la gente "O" se relaciona entre sí. Puede que en un rapto de locura intempestiva una persona "O" tenga un escarceo con una "Y", pero los esquemas mentales del "O" son lo bastante rígidos (circularmente rígidos, pero rígidos al fin) como para llevarlo a darle un ending point al affaire Y más temprano que tarde.
Las situaciones más interesantes (por no decir telenovelescas) se dan cuando eso no ocurre y la relación Y-O continúa. Cuando una persona "Y" le dice a una persona que en cuestiones amorosas siempre fue vocacionalmente "O" porque así la educaron, o así le gusta, o así lo siente, o whatever, que quiere estar con otras personas, Y también quiere estar con él/ella.
Si la persona "O" acepta la proposición "Y", aún cuando no la aplique en su propia vida, está de quelque façon haciendo una concesión "Y", ya que él/ella sigue siendo "O" Y está metida en una relación "Y". En algún punto está hecha pelota Y está enamorada. Es tremendamente infeliz en algunos momentos Y cuando es feliz, es muy feliz. Es libre Y, de alguna manera, está comprometida.
Y entonces llega a un punto en el que se empieza a cuestionar que tal vez tenga un gen Y reprimido. O que tal vez sea cierto que los opuestos se atraen.
O que la lógica de la relación excede la del mero análisis de dos letras.
Lo que sé en este caso, porque he vivido esa situación y algo conozco del tema, es que cuando una (persona) Y coincide con una persona que -al menos en el área sentimental- es O, dibuja en ella líneas que -literalmente- la parten. Basta imaginar la imagen de una Y y una O superpuestas.
La O quedará fragmentada y le llevará un tiempo a las semillas que viven en los surcos de la fragmentación desarrollarse y crecer. Y ya no será la misma.
La Y puede sentirse contenida, limitada a veces, pero tal como indica su forma de árbol (un ícono propiamente dicho) sus raíces y sus ramas pueden exceder los límites de la "O".
Ambas crecerán, y cuando eso ocurra todos estos análisis dejarán de tener sentido.
En ese punto se podrá analizar qué ocurre cuando están juntas y forman un "YO" donde, acaso no casualmente, la "Y" precede a la "O".
Pero eso ya es demasiado psi para mi gusto.

domingo, septiembre 07, 2008

Motivos para no enamorarse

Un trabajo gris en un edificio gris que adormece el cerebro y todos los sentidos -en especial, en un par de personas, el del tacto- donde lo único que puede aportar colores es el vestuario (y alguna macetita perdida por ahí).
Traiciones de las personas que creíamos más cercanas.
La sensación de navegar en un barquito de optimist con un estado de ánimo que más bien es todo lo contrario, donde la sensibilidad parece ser un lastre que nos hunde cada vez más... y nuestra pobre alma sin chaleco salvavidas.
Las odiosas puestas en escena de las entrevistas de trabajo.
El arte y la cocina que atraviesan nuestras vidas de una manera u otra.
Y, en mi opinión, la mejor frase de todo el guión (que por mi parte encontré bastante verosímil, tal vez porque he vivido muchas situaciones parecidas), que es cuando celeste cid dice que
ya es tarde.

lo sé bien, porque yo he dicho exactamente la misma frase, en circunstancias muy parecidas, alguna vez.

lunes, junio 09, 2008

Haciendo face

De todas las materias que cursé en la Facultad -tanto en la querida Marcelo.T como en Parque Centenario- me quedaron fragmentos, comentarios que siempre recuerdo más allá de lo poco o mucho que haya tomado de cada una. El que viene a cuento ahora es el de mi profesor de Datos, Martín Rivaben, acerca de que si tomábamos como indicador el uso de las tecnologías informáticas aplicadas a la comunicación que se hacía en la facultad no one could tell que nosotros jóvenes bonitos en esa nueva pero destartalada aula éramos estudiantes de comunicación. Ni hablar de una página de la carrera en esos tiempos, o de la digitalización de la información académica de los estudiantes para agilizar cuestiones administrativas, o de poner a disposición de alumnos y profesores equipos para poder trabajar en la facultad. Con respecto a los tiempos que corren, prefiero callar graciosamente y echar un manto de piedad sobre ellos (no necesito verlo para saberlo).
Así es, a eso venía el comentario: en casa de comunicador, teléfono descompuesto.
Eso fue lo que pensé cuando, después de un cierto tiempo de una cierta resistencia pasiva, decidí hacerme mi face, que en este contexto no tiene ninguna connotación quirúrgica.
No sólo me acordé de ese comentario, me acordé también de varias ex compañeras C (de comunicación) que se resistían al uso del teléfono celular cuando todos los no-comunicación a su alrededor ya habían cambiado cinco veces de equipo, de varias que jamás tuvieron icq, que nunca se conectan al Messenger y que, más en general, miran con desconfianza cualquier sitio web que genere una adhesión más o menos masiva (Alabarces!!!!).
Reconozco que en algunos casos incluso yo he suscrito el último de esos puntos y esto que estoy narrando es un claro ejemplo. Meses de indiferencia total hacia facebook, hasta que decidí registrarme y allí estoy. Y allí están también, brillando por su ausencia entre mis contactos, varias de mis compañeritas de comunicación que no tienen una página allí y posiblemente nunca la tendrán. Es que nosotras no hacemos uso de las (ex N)Tic, sólo las estudiamos.
En mi caso, el uso que hago hasta el momento de mi incursión es, digamos, arqueológico, y me remite a la persona que fui, que tal vez ya no soy, pero que desea apropiarse de su propia historia y abrir un nuevo curso para ella. Y así le abrí mi facebook a gente que en algún momento pasó por mi vida y compartió una parte de la suya con aquella que fui.
Es más fuerte que nosotros: a todo le tenemos que dar una dimensión de sentido narrativa y sincronizamos relojes en el eje diacrónico.
Oh yes, I have to face it.

miércoles, mayo 28, 2008

Mes de mayo, me desmayo


Un mes en el que hice algunas cositas, a ver, no muchas, pero igualmente tengo la sensación de que estoy viviendo un momento ajetreado.
Unos días después del concierto de aznavour y una vez repuesta del malestar, fui al palacio Paz, adonde alguna vez debí haber ido a una fiesta de casamiento (pero no fui), esta vez a la expo de cuisine&vins. Linda, mejor que la del Alvear de hace tres años, aunque admito que mis sentimientos influyen en esa apreciación. El lugar es agradable, de eso no hay duda, y unos sorbitos de Barón B y vinos diversos nunca vienen mal. Bien también el irish stew, aunque sé que un real irish hubiera fruncido la naricita, y no porque hablen nasal. Lo que recuerdo con cierta tristeza es haber perdido el viaje a villa la angostura, pero bueno, en algún momento viajaré.
Antes de eso había ido a ver el nido vacío, no me pareció super hiper archi recontra pero reconozco que ilustraba muy bien la capacidad de los escritores de crear una suerte de universo paralelo en el que pueden vivir muy cómodamente cual uno de sus personajes, y al fin y al cabo... a veces la percepción personal es tan intensa que supera las estructuras de la realidad.
Después de eso fui al concierto de alas gracias a la amable invitación de M; hacía mucho que no asistía a un concierto tan multitudinario. Llegamos cuando estaba tocando la portuaria y realmente tocaron muchos grupos/ solistas en un ensamble muy ecléctico (ratones paranoicos, pedro aznar, paulina rubio, jorge drexler, alejandro lerner, fito paez, gustavo cerati, alejandro sanz...). En el final, reservado para calle 13 y shakira, yo no daba más.... es por eso que en ese momento mi capacidad de disfrute estaba agotada. Y sí: estoy aburguesada y a mucha honra. Dejemos a los teenagers lo que es de los teenagers. Calle 13 no es mi onda, definitivamente, pero fueron powerful como ningunos y esa energía era tan tangible que era difícil que no te despertaran algo de simpatía. En cuanto a shakira, creo que lo mejor fue el dúo con mercedes sosa, una reunión extraña pero interesante.
Al día siguiente, volví a las proximidades (específicamente a puerto madero) para ver nuevamente cine argentino, esta vez Cordero de Dios, donde hacia el final terminé llorando como marrana, así soy yo, siempre hago catarsis en el cine. Lo que más me interesó de la película es la trama, siempre compleja, de las relaciones familiares.
Escribiendo todo esto ya sé de qué va a tratar el siguiente post, se va a titular Nunca estoy en casa (de hecho este último finde tampoco estuve). Y cuando estoy es como si no estuviera... estoy tan de acá para allá, ordenando, limpiando, planificando, que es difícil siquiera tener el momento de tranquilidad requerido para que el cuerpo asuma la sensación de "estar en casa".

Coming soon. El post, no creo que la sensación de estar en casa.

sábado, mayo 10, 2008

Quand le navire s'en va

El viernes a la noche me subí a un barco y viajé toda la madrugada,
sólo por un día,
sólo para descubrir que la única bolsa de kit kat que había en el free shop estaba manoseada y aplastada,
sólo para tomar mate con bizcochuelo exquisita de naranja frente a una chimenea,
sólo para hacer un fugaz recorrido por manantiales,
sólo para entrar a luisa lane y ver si las carteras seguían tan lindas como siempre,
sólo para escuchar radio sarandí y a nelson marvin en aquellos años
y subirme nuevamente a un bus, que me llevaría a un barco, en la madrugada del sábado,
sólo porque el deber me llamaba y debía terminar mi parte del trabajo de puerto madero,
y sólo para ver el impecable concierto de aznavour en el rex,
para despues volver a casa en un viaje que se hizo llevadero sólo por la charla amable del taxista,
porque me sentía mal (demasiado ir y venir para un solo fin de semana) y sólo quería volver a casa,
donde pasé una noche muy incómoda porque, como hace mucho tiempo no me pasaba, me sentía enferma,
y así fue como apagué la luz de un intenso y agitado fin de semana, tal y como aznavour nos lo había pedido a quienes asistimos a su concierto.

jueves, abril 10, 2008

Chill out (James)



Green light







Cinderella





Welcome to the chill out zone





Placidez






Lostie






Lostie II



Perfil entre las manos




¿Qué me decías?



Ya voy!

Carita de relax



Cinderella II









miércoles, febrero 27, 2008

Marítimas

Regresada de badgiven's bar y solanas (bien de punta a punta).
Por primera vez en mucho tiempo ¡¡¡pude ir todos los días a la playa!!! Qué emoción!!!
Y pensar que a las 10.10 del día de mi llegada, cuando el cot pasó por la parada de Portezuelo, llovía y pensé que ese día iba a ser un plomazo. Hotel en La Barra junto al mar + día de lluvia + estar sola = un bodrio. Más cuando una pagó por estar cerca de la playa y el 99% de sus planes tenía que ver con tirarse sobre la arena cual diosa dorada y surfear un poquito (bueno, no, corrijo: mirar surfear a los demás).
Porque la barra es, por supuesto, surf. Ya lo dije hace unos meses y lo reafirmo con creces. Casi enternece ver a padres con sus hijitos chiquiiiitos con sus tablas de surf, aventurándose en aguas que son, de verdad, bravas. Las mujeres se ve que quedaron en sus casas preparando ensaladas para el almuerzo, porque durante mi estadía sólo vi a tres surfistas.
La playa: llena de familias con hijos pequeños. De teenagers nada. Bueno, en Montoya sí, pero -salvo una breve escapada allí- yo iba a la de la posta.
El hotel: la relación precio-beneficio hacía más agua que el mar, por lo que pagué esperaba mucho más pero, en definitiva, el mar estaba al lado, bello y poderoso y, en definitiva, eso es lo que te cobran. Y lo disfruté tanto que cada centavo invertido en el alojamiento valió la pena.
Los precios: no words. Reconozco que sobreviví gracias a el dorado (el cinthya de la barra) y el paupérrimo desayuno de Le club. La primera noche fui a Novecento para demostrar (a quién?) que una mujer sola también puede ir a comer afuera. Sólo que a la mitad de la entrada ya no podía más... pero ya había pedido el primer plato, too late for regrets. Sin embargo logré terminar mi ensalada (¡por suerte era ensalada!) de salmón, espinaca, higos, cebolla colorada, nueces y no sé que más. Como broche, dejé (involuntariamente) la que apuesto fue la mejor propina dejada en Novecento en toda la temporada. Ya están comprando la alfombra roja para ponerla la próxima vez que vaya...
La ropa: Volveré para comprar en Magma!
Celebrities: sólo vi a Maru Botana en el dorado (un super bien democrático: creo que toda la barra va ahí) y a la top model (de cuando yo era chica) Bárbara Durand.
Noche del 14 de febrero: tomando sola un helado de crema americana y dulce de leche tentación en una mesa del balconcito al mar de Freddo. La mitad del helado quedó derretido en la mesa y la otra mitad es el día de hoy que no sé si la comí, porque la tuve que comer tan rápido que ni siquiera pude registrar la experiencia en la memoria. En rigor de verdad lo que más disfruté fue la botellita de salus que acompañó al ¿helado?, porque estaba muerta de sed, en el hotel no había frigobar y el bar estaba cerrado (y sí: febrero no es enero).
A pesar de que en general no quedé satisfecha con el hotel, debo reconocer que tuvieron el gesto de llevarme de la barra a la punta el día que me iba de un punto al otro.
Después pasé cuatro días con momentos repartidos entre la punta punta y punta ballena, lo que quiere decir que hice un poco de todo: fui a la rinconada, a los médanos solanescos pre-chihuahua y a una playa del centro, al shopping, a la tienda inglesa, al conrad, a gorlerear, a comer al yacht club, etcéteras. Todo muy lindo.
Por otra parte, aproveché para leer bastante y la lectura me vino profundamente bien y estoy segura de que dará sus frutos.

lunes, febrero 25, 2008

De regreso







...de the bar of badgiven. Y estrenando camarita...

lunes, febrero 11, 2008

fugitiva

huyendo de la rutina
huyendo del san valentain day en la city (después de todo tal parece que los solteros no existimos en ese día)
me fugo hacia unas vacaciones solitarias
quizás definitivas (y definitorias)
una fuga muy acotada, concedo, con suerte de siete noches, de las cuáles sólo tres están confirmadas por mi billetera
la barra me espera y allí iré a parar, al cruce del mar y la calle de los cangrejos, todo un paraíso para una chica canceriana
h. taiana también me espera si consigo un taxi y santa visa resiste, ja (me gustaría probar el daiquiri de moras y maracuyá)
la programación con sede en la huella del festival de música del faro de josé nacho también me espera, si es que coordino horarios de micros y puedo ir
las carteras de luisa lane me mirarán, nuevamente, desde la vidriera, esperando tiempos mejores
así las cosas
se va la nave nomás
...pero el viaje siempre comienza antes de partir

miércoles, enero 02, 2008

Musicales

(del año pasado)

Y sí, ya ha comenzado un nuevo año, pero me quedaron colgados algunos eventos del año pasado cuyo relato no dejé asentado.
El primero es el recital de Serrat y Sabina, al que asistí con Pau y cía. Una noche muy linda, aunque reconozco que fui muy desabrigada y tuve frío durante todo el recital.
Pero el concierto en sí estuvo espléndido, con un guión evidentemente totalmente aceitado e incorporado a estas alturas de la gira. Yo estaba en la tribuna y era un placer ver el campo, muy pacífico y con buena onda. Había gente de todas las edades, por supuesto. Muchas parejas por arriba de los 50 y también muchos jóvenes 15-30.
El tema fue conseguir un taxi desde las proximidades de la bombonera para el regreso... impossible. Finalmente tuve que recurrir a un vehículo salvador que acudió al rescate.
Sólo unos días después fui a la trastienda a un concierto de kevin. Muy lindo como de costumbre.
Pero la orden del mérito a la originalidad musical se la lleva la noche griega que tuve con Mariana y amigos, un poco frustrada porque en vez de sentarnos a la mesa como estaba previsto nos fuimos a comer una pizza y después volvimos, justo a tiempo para escuchar a la gran orquesta en griega en vivo. Y a los jóvenes (y no tanto) bailando alrededor del vaso, totalmente entregados a su performance.

martes, enero 01, 2008

Mi saludo de fin de año


Hola a todos,
no sería yo si no escribiera mi saludo de findeaño; una de las cosas que llegan con los 30 (por lo menos en mi caso) es la conciencia de que hay ciertas cosas que ya no van a cambiar, lo más sabio es asumirlas y darles a quienes nos rodean la posibilidad de que las tomen o las dejen, cosa que por supuesto ocurre.
Aunque parto de esa base, el espíritu de este saludo nace de aquellas cosas que sí cambian dentro de nosotros mismos.
Y este fin de año es para mí, más que el de cualquiera de los años vividos hasta ahora, un gran espejo que me devuelve una imagen muy distinta a la que reflejaba a principios de año. Aunque a mi alrededor nada ha cambiado demasiado desde enero, yo sí he cambiado mucho en una manera que no es perceptible a simple vista, y que hasta para mí sólo comienza a hacerse evidente ahora.
Así que si este saludo es más caótico que el de años anteriores, es simplemente por esa revolución interna.

Si bien creo que todos vivimos un proceso de cambio continuo, creo también que sólo nos volvemos conscientes de él cuando es tan importante que afecta estructuras profundas y arraigadas de nuestra historia y nos permite ver desde enfoques novedosos y diferentes determinadas experiencias de nuestra vida.
Es ese proceso de cambio, que sigue su curso (y por supuesto no está exento de contradicciones), el que me permite resignificar el fin de año y darle una dimensión plena, la de la continuidad de esta vida que todos tenemos el privilegio de gozar y donde a pesar del sufrimiento -que es inevitable- podemos soñar, crear y hacer en un sentido que nos permita sentir en la potencialidad pura de cada instante esa incomparable sensación que es, justamente, la de sentirnos vivos.
Es por eso que mi deseo de fin de año para cada uno es que disfruten de un año intensamente vivido, en la manera que cada uno así lo entienda, sin verse limitado por prejuicios o por la opinión ajena.

Por otra parte, la mayoría de los que reciben este saludo sabe que desde hace muchos años no participo en el torbellino asociado a las celebraciones navideñas, simplemente lo miro de afuera. No obstante, es difícil permanecer ajeno y además, aunque mis sentimientos recorran otros caminos, hacen su recorrido también y en algún punto se cruzan con los de los demás.
Y desde ese punto de encuentro que nace del cariño, la simpatía y los momentos compartidos (en algunos casos recientes, en otros no tanto; pero siempre presentes en la memoria del alma, que es indeleble), les quiero desear una feliz navidad que puedan disfrutar en armonía junto a sus seres queridos.

(nota: sé que todo esto suena a una mezcla de psicoanálisis, canciones del recital de serrat y sabina y tratado semiótico acerca de la pluralidad del sentido, ji ji...y sí, tuve todo eso este año en mi vida, pero la experiencia de este año, de la que nacen estas palabras, abarca por supuesto muuuchas más cosas)

Un beso grande,
y un brindis con un buen vino (tampoco sería yo si omito este paso),
Ariana

French fries

Un refrito de recuerdos y francés con pizca goumet.com

…de cosas que me fueron quedando colgadas en los últimos meses (y que quiero anotar porque hacen al balance del año). Es que mi vida está tan cargada de ocupaciones que escribir se ha vuelto un lujo, diría que eso es algo novedoso en mi vida, pero seguramente será sólo una etapa.

En noviembre probablemente debe haber habido algo remarcable, pero tal parece que el fin de año se divierte haciendo lagunitas en mi cerebro, anche túneles, puertas y canales que se pierden sin rumbo por largos caminos. De manera que perdida estoy yo también, por esos y otros caminos, y sólo recuerdo la noche del 30 de noviembre, donde conocí el salón blanco de la casa de gobierno gracias al recital de Kevin. Lindo, y en la transmisión de canal 7 hasta pude ver mi colita rubia y mi cabecita que se movía de un lado a otro (y suerte que no me quedé dormida… no por la música, claro, sino porque estaba agotada).

En diciembre me quedó colgado el recuento de un viaje de estudio a Maldonado, tenía que ser en esas tierras (los uruguayos son simpatizantes del francés) donde preparara mis exámenes de cette langue y realmente estudié mucho (¿qué otra cosa se puede hacer en medio del campo?).
En realidad el día de mi llegada, por desajustes horarios varios que no vienen al caso, tuve ciudad de sobra por toda la estadía. Una caminata por una avenida Francia (¿cuál otra hubiera podido ser inicio de un viaje de estudio?) todavía desierta (but summer is on the way), y un laaaargo paseo por el shopping y la tienda inglesa, que me sirvió una vez más para reafirmar mi opinión:
la tienda inglesa es muy linda y el punta shopping es muy feo.
Y tal parece que empeora con el tiempo.
Playa, sólo un poquito, pero no en M sino en Rocha, más precisamente en La Pedrera, siempre con ese aire bucólico de siesta continua. La casa amarilla de Norma Aleandro donde siempre, también la de Maitena, algunas nuevas casas y dos o tres barcitos con pretensiones fashionistas. En uno de ellos (hosted by un afrancesado que decía ser francés, para no romper la puesta en escena) tuve una pequeña merienda de pilsen y sandwich de manteca y jamón crudo, nada extraordinario, pero sí realzado por un contexto de sol acariciador y radiante. La novedad gastronómica de la incursión pedrerense fue una cena de pez angelito, rico, pero no sobresaliente.
Ahora que me acuerdo sí tuve unas horas de playa en bad-given, en la rinconada de solanas, pero el viento estaba que te podía llevar de solanas a la barra sin escalas y en un intento de almorzar un sandwich terminé comiendo cien gramos de arena por cada diez de fiambre.

Así que nada, todas las horas de estudio valieron la pena a la hora del examen.
Y ahora después del examen extraño mucho a mis compañeritas french speakers.
La vida es un eterno desencuentro y una despedida continua.

Lo de Gourmet.com viene al caso porque hace poco leí el libro de Narda y me pareció bastante piola, tiene comentarios interesantes de una persona a la que le gusta comer bien y es bastante sensata a la hora de hacer sus compras, aunque también aventurera y esa es la parte más interesante de la historieta. Incluso fui a la presentación del libro (otro de esos eventos perdidos de noviembre) y fue un rato amable. En un momento “Nardita” empezó a brindar recomendaciones de restós y eso me hace acordar de un par de lugares a los que fui y cuyo registro no figura aquí. Este año fue muy pobre en ese sentido para mí, no tuve muchas oportunidades de salir a comer afuera y lo lamento porque es una salida que encuentro encantadora. La mayoría de los lugares a los que fui ya están citados en otros posts, pero creo que faltan unos pocos. Uno de ellos es el faro del hotel hilton, fue gracioso porque fui un día antes del día del amigo y creo que había sólo dos mesas ocupadas (contando la mía) y al otro día leía en clarín que ya estaban las mesas reservadas al 100% para el mencionado 20 de julio. Contrastes.
Tomé un syrah bastante rico y comí un pescadito, que siempre viene bien. De los postres pasé.
Un tiempo después fui a un restaurante vasco, donde comí nuevamente pescado, que siempre se come bien en esos lugares, si la memoria no me falla era el clásico laurak bat, pero si no es así lo corregiré en breve.
Y después de ese después fui al café margot en san telmo, famoso por sus picadas. Sin embargo debo decir que la picada que comí (y con hambre) no me pareció excelente, todo lo que me sirvieron lo he comido más rico, sin dudas. No obstante agrego que la ambientación del lugar es muy buena y crea un ambiente muy propicio para una salida amical.

Pendientes

(y van...)

Antes de que termine al año (nota: este post lo publiqué originalmente en mi space en noviembre del año pasado) y ciertos eventos pasados se pierdan (nunca definitivamente) en los recovecos de mi memoria, los asiento en éste, mi registro escrito que leído a la distancia me permite observar los rumbos que fue y va tomando mi vida.
Después del viaje inaugural de la primavera me escapé nuevamente al este, donde hice un poco de playa en una parada céntrica (un viernes a la tarde, no había casi nadie) con una parada -central- en el puerto para comprar mejillones y otra parada -obligada- en la tienda inglesa.
Los mejillones los comí después, con cebollita de verdeo, jamón crudo, crema y papas fritas, estaban plus-que-parfait.
El sábado hice otro poco de playa en la rinconada, aucune personne en kilómetros a la redonda, y un mar excepcional. Muy lindo.
Y el domingo tomé bastante sol, de hecho me vine pasada de color, que ya se lavó a fuerza de tanta lluvia insolente.
Antes de eso me había ido al concierto de mimí maura en la trastienda, originalmente previsto para las 23.30 pero que empezó a la 1, con el añadido de que la espera afuera fue bastante complicada porque hacía bastante más frío que el esperable para esa época. Conclusión: me quedé una hora y me fui, mimí es muy buena show-woman (y además de acuerdo a sus dichos y los de su marido debía estar potenciada por sustancias varias) pero a eso de las dos yo ya no daba más, así son los 30. De manera que aprovechando un salvador intemedio decretado por la banda en pleno (asumo que para potenciarse un poquito más) dejé mi ubicación de mesa de fila 1 (demasiado adelante, lo sé) e hice un discreto mutis por el foro.
Luego no tuve demasiada actividad artística/cultural, por diversas razones. Aprovechando entradas gratis fui a ver el pasado (asumo que la novela debe ser muy difícil de capturar en un film, y se notaba) y quiéreme, una película que yo pensaba liviana y terminó siendo un verdadero dramón, y yo sin carilinas.
Y hace unos días me fui con Pauli a ver les luthiers, en mi caso sólo llegué a ver los últimos tres fragmentos y los fuegos artificiales (muy lindos), pero valió la pena igual, tal lo esperable.

domingo, octubre 07, 2007

El viaje inaugural de la primavera


(del otro lado del río)


el jueves 28 me embarqué en el pato olive-oil (el buque rápido) e inicié el camino de postas colonia-tres cruces-pde. fue gracioso porque en el camino a maldonado, mientras cruzaba montevideo, el día era espléndido y el sol brillaba radiante.
ahora bien, llegando a maldonado resultó que todo estaba envuelto en una bruma espesa. así que inicie mi recorrido por la city esteña, cerca de las tres, agitando los brazos para despejar la niebla. por gorlero no había nadie, sólo algunos grupitos de turistas (siempre reconocibles) y residentes que caminaban solitarios.
y las gitanas, elemento folclórico por excelencia. yo simulé ser una turista chechena y fingí no entender sus embates.
mi primer parada, la inauguración oficial de mi trip, fue un café con leche en el greco, a un módico costo de cien uruguayos..
como aporte a la coherencia general, todas las mesas estaban vacías, salvo una que se ocupó mientras estaba tomando mi café.
después continué mi recorrido por esas callecitas de nombres poéticos, como las gaviotas y el remanso, donde en los locales de prada, tommy hilfiger y similares los vendedores languidecían de aburrimiento. luego paseé un poco por la costanera de la mansa.
más tarde fui a la tienda inglesa, cómo me gusta ese supermercado. tenían unas empanadas de lomito y cheddar que resultaron riquísimas.
el viernes me fui de breve paseo a san carlos, donde tuve la graciosa postal de los niños de moños azules, que encuentro encantadora.
pero además se ve que estaban haciendo un acto por el día de la primavera porque todos los chicos de edad kinder estaban disfrazados ad hoc con trajes de alto impacto y muy, pero muy, cuidada realización. una linda postal.
y almorcé sandwich de milanesa de carrito de san carlos, muy rico.
el sábado tuve un poco de playa, pero con mucho viento.
la noche fue olvidable, o desde otro punto de vista recordable. tal vez ambas cosas.
el domingo playa nuevamente, una solanas espléndida y desierta, propiamente un día de playa. y con tardecita de colet incluída.
el lunes ya estaba comme ci comme ça.
la nota de color es que en alguna de las comidas de mi estadía pude comer ensalada de tomate!!!! que estaba más barato en la tienda inglesa que en la verdulería de la esquina de casa!!! en general creo que todos los vegetales estaban más baratos, o por lo menos no más caros, azares de una economía con un peso artificialmente alto y un dólar ídem bajo.

siempre digo lo mismo: odio las vueltas. a veces siento que vivo para esperar las idas. cada vez sufro más la vida sedentaria, y es una declaración de principios.

El concierto inaugural de la primavera


(another delayed post)


El año pasado fue el de kevin + the nada en el faena, exactamente el jueves 21 de septiembre. este año me enteré que justamente el 21 de septiembre tocó the nada (aka la familia ingle) en otro ámbito menos glamoroso que el faena, pero el talento suena igual en todos lados.
pero el 21 a la noche me quedé en casa. de piqui-niqui de medianoche, nada nadín.
pero el 24 nos fuimos con marianita a la trastienda a ver a café tacuba, yo tenía las entradas creo que a los cinco segundos de que salieron a la venta...
por supuesto, tal lo esperable, la mesa de fila de 1 no nos sirvió de mucho pero fue útil para tener una ubicación privilegiada de todas maneras. muuuuuucha gente (sin duda el recital más concurrido de aquellos a los que concurrí en la trastienda) y una banda im-pe-ca-ble que, tal lo esperable, incitó al des-orden. y a la segunda canción allí estaban todos los concurrentes haciendo temblar las mesas y rodar los vasos por el piso. yo hice catarsis y grité como hace mucho que no grito en un recital, aprovechando el griterío colectivo (de hecho, el último recital en el que grité tanto fue en el acústico de café tacuba hace ya tres años, cuando no costaba tanto conseguir una entrada...)
como siempre, mis favoritas fueron tres. déjate caer, que grité con todas mis fuerzas (la vida es imprecisa). el baile y el salón, con el corito que me quedó grabado desde aquel acústico, donde nos dejaron con las ganas. y mi canción autobiográfica, el metro, que escuché por primera vez una noche muuy lejana de 1995 y me representa desde entonces, por muchos motivos que fueron mutando y enriqueciéndose con el tiempo.
souvenir: la remera de rainbow brite con mancha de vino del genial personaje que estaba en una mesa a côtè ignorante de que el mundo temblaba a su alrededor.
la groupie nº1: marianita, que aprovechando su cuantiosa distancia de 2,7 milímetros del escenario, tocó cual si fueran milagrosos a todos los músicos de la banda.
lo destacable: la sonrisa imborrable (y no de maquillaje) de rubén albarrán, que tiene una gran capacidad que contados músicos poseen: la de mirar a los ojos al público. creo que todos y cada uno de los que estábamos en las proximidades del escenario recibimos una mirada-eje-escópico (les yeux dans les yeux, san eliseo verón dixit) y una sonrisa que te energizaba hasta el año que viene (ya sé que no se nota. es que los efectos de esas drogas, lamentablemente, se desvanecen...)
y la frase: (a una de las fans invitadas a subir al escenario, que luego fueron invitadas a tirarse al público, cual almost famous) "no, tú no te avientes que a tí no te cachan".

bueno, así es. experience it. enjoy it. just don't fall for it.

viernes, octubre 05, 2007

El fin del invierno

(a delayed post)
20 de septiembre, vísperas de la primavera
Mi querida amiga Nati estuvo de visita unos días en bue -directo desde santiago (de chile)- y esa noche nos fuimos de copetines a las cañitas, como hace casi exactamente un año. En esta oportunidad se nos sumó Nico, el hermano de Nat. Después de caminar cuadras, y cuadras, y cuadrasss (innecesariamente, por supuesto) fuimos al super soul, donde ellos tomaron sendos mojitos y sssho un natty dread lock (bourbon + lima + manzana), muy (demasiado en relación al costo-beneficio) suavito. Pero como eso no nos bastó (qué tanto!!!) nos fumos a jackie o, donde habíamos estado con Nat en aquella noche de agosto del 2006 (que por cierto dejé asentada en estas crónicas), comentando lo paupérrima que resulta la coctelería porteña en comparación a la chilena (1. ah, aquella carta de tragos de las urracas!!! y 2. las comparaciones suelen ser en vano, lo sé). Una noche muy linda, un breve y sentido encuentro en el continuo de la distancia.

sábado, septiembre 22, 2007

Después del segundo daiquiri la vida es bella

Esa fue la frase que escribí en el papelito que nos dieron los del grupo de improvisación en la fiesta de casamiento de Caro L., acaso inspirada por el daiquiri, la copa de vino y el cuba libre que me había tomado antes de escribir esa frase. Me divertí mucho porque de hecho mi frase fue seleccionada para la improvisación de cierre. No porque fuera original, concedo, sino simplemente porque hacía una combineta interesante con el contexto histórico y la situación elegida, dos peronistas de la primera hora hablando de la situación política del país.
La fiesta estuvo très excellente. La incorrección gramatical es válida en este caso.
Y en la mesa dulce había postre de chocolinas!!!
Escribo estas pocas y sentidas palabritas para dejar registrado ese momento, que me emocionó compartir porque de alguna manera, distante pero cercana a la vez, pude compartir con Carolina ciertas etapas del camino que culminaron en ese momento y se iniciaron en la (para mí) tediosa materia Taller III de la carrera, que cursé un año después que C&S. Tal vez es que la materia funciona por ciclos (algo así como Comunicación III) y un año es poético, otro prosaico, y así así. No hace falta decir cuál fue el ciclo que agarré yo.
Previamente a la boda asistí, tal como lo establecen las reglas del protocolo moderno (y no tanto), a una despedida de soltera en Santa Fe y Esmeralda, típico lugar de despedidas de soltera, con mucha mujer descontrolada. Muy divertido, especialmente porque las asistentes descontrolan tanto que son un espectáculo aparte.

domingo, agosto 19, 2007

Agostada

(y encima en Buenos Aires)

Siempre que me siento a escribir es porque estoy angustiada o deprimida o triste (no necesariamente es lo mismo), no falla.
A la vez estoy en una etapa de in-actividad cultural, más bien diría que eso es raro porque cuanto peor me siento es cuando más busco refugiarme en esas cosas.
Tal vez es que no pueda volver al circuito gallery (no necesariamente "night") porque extraño los recorridos de María José.
No sé.
Lo último culturoso que hice es asistir a la conferencia de Alan Pauls en el Malba, que por cierto estuvo muy buena.
Mirando hacia el futuro (existirá?) ya tengo mis entradas para cafe tacuba (septiembre), mimí maura (octubre) y serrat-sabina (diciembre), de manera que por lo menos haré catarsis musical, diferente en los tres casos, pero son tres casos propicios para hacer catarsis de algún tipo.
En fin.
Tenía planes de viaje pero ahora, no sé, me parece que esos planes de viaje tambalean.
Cuando hablo de viaje hablo de 3 o 4 días, como siempre en los últimos tiempos.
Pero hasta esos 3 o 4 días son una meta de un camino plagado de obstáculos crecientes y consecutivos.
Eso me hizo pensar en un tópico que he debatido bastante en distintas circunstancias, con diversas personas.
La cuestión es si sirve de algo irse de viaje cuando se está deprimido. La opinión de la mayoría de la gente que conozco es que no, porque:
a. la depresión impide disfrutar de cosa alguna, luego nos impedirá disfrutar del viaje, luego uno vuelve peor por haber hecho un gasto improductivo, y
b. los problemas no se quedan en el punto de origen sino que viajan con uno al punto de destino, luego el irse de viaje es un escape ilusorio porque cualquier problema hará notar su presencia tanto en Buenos Aires como en Colonia Caroya o las Bahamas.
Lo que le quita seriedad a esos argumentos en determinados casos es que a los 5 minutos, 5 días, 5 semanas o 5 meses (la extensión temporal del factor no altera el producto), la misma persona que se esmeró en encadenar lógicamente tales premisas te envía por mail las fotos del viaje a Europa que hizo después de: cumplir 40, o 30, o 25 (porque se sentía vieja, fané y descangallada)/ que su psi le recomendara irse de viaje para superar una depresión/ pelearse con la pareja/ pelearse con la pareja, los padres, la abuelita, el plomero, el cadete del super y el loro del vecino/ etc, etc, etc.
Yo seguiré sosteniendo, hasta que la vida me demuestre lo contrario, que irse de viaje es -por lo general- lo mejor que se puede hacer en los peores momentos, tal vez porque:
a. creo en el concepto de gasto improductivo (siempre lo he dicho), y
b. prefiero estar acompañada de mis problemas tomando una caipirinha mirando el ocaso en las bahamas o comiéndome un sandwich de salame casero en colonia caroya que esperando media hora el 151 en la city (para que después vengan 5 seguidos).
Por eso es que creo que aun si hay que endeudarse para hacerlo (como debería hacer yo en estos momentos) viajar puede ser una excelente terapia, para quien tiene la oportunidad de hacerlo.
Yo me ido de viaje en momentos malos y peores. He sufrido, he llorado y me he sentido muy sola en esos viajes, pero fueron un breve fragmento de escape de situaciones donde la estaba pasando peor aún. Y si fueron un escape sólo en el sentido más limitado de ese término, igual reivindico esos instantes de ruptura con ese continuo agobiante que ya he descrito en algún otro post.
Concedo que cuando un viaje se hace en un contexto situacional muy triste o que nos hace infelices, es muy triste el regreso. Y sí, más de una vez he querido no regresar.
Mi interés por este tema en este momento puntual no es casual; a veces siento que mi vida se va haciendo triste, y más triste, y más triste, tal vez es que me esfuerzo mucho para que no sea así y el cansancio alimenta de alguna manera la tristeza. Y un viaje es, en cierta forma, un descanso, aun cuando esté colmado de actividades (que no suele ser el caso de los míos).
Y además es agosto. En agosto me mudaría de planeta, o dormiría todo el mes si eso fuera posible.

Desde hace un tiempo a esta parte detesto agosto, no me importa el transcurso del tiempo objetivo, los sentimientos pueden ser tan atemporales como se les antoje.

domingo, julio 01, 2007

it's my party and I cry if I want to

(you would cry too if it happened to you...
or maybe not)
El 29 de junio cumplí años y eso amerita un texto sobre vivencias personales de cumpleaños.
Pequeña cronología desordenada,
hace dos años envié un mail por mi cumpleaños y ese mensaje generó muchos más efectos que los que yo esperaba, o por lo menos distintos a los que preveía. Si lo analizo desde el punto de vista académico, fue una dinámica comunicacional interesante. Recibí de personas que no imaginaba respuestas que no imaginaba y que de alguna manera superaban el marco de las condiciones de recepción inscriptas en el texto original. Incluso fui criticada (sin mucha sutileza, y hoy en día pienso que eso fue adrede) a mis espaldas (literalmente) y por supuesto tomé esas críticas desde el lugar que venían. Pero hay formas y formas de decir las cosas y todavía hoy siento esa molestia en el corazón, porque tomo el hecho como una demostración de la absoluta incapacidad de ciertas personas para intentar comprender al otro. A veces la educación y la historia de vida son muy pregnantes y es difícil salirse de esos esquemas mentales.
Eso ocurrió (o se gestó) durante aquel día de mi cumpleaños del 2005, pero la noche fue bien diferente.
Y viví esa noche de miércoles -ese fue en efecto el día en que cayó- en circunstancias que en ese momento me resultaron bellísimas. Lo triste, profundamente triste para mí, es que las sensaciones que sentía esa noche jamás las he vuelto a sentir.
Me veo caminando por el caminito de olsen, con mi saco gris de celeste a, mi blusa celeste de paz cornú (la ex ex de barrantes), mi maquillaje en tonos rosa, mi pelo de otro color con peinado de hebillita y mi bolsa de rapsodia.
Recuerdo haber visto en algún momento de la noche la llamada perdida de Nat, que no devolví en ese momento, y que a su vez me hace acordar lo significativo de nuestro desencuentro durante su estadía de aquellos días. Todo tiene que ver con todo.
Y era otra mujer, o en algún sentido todavía era una niña, mucho más niña de lo que soy ahora.

Hace un año fue mi festejo en arguibel, con invitados selectos, un rogel exquisito y muchas expectativas que no llegaron a cumplirse, aunque reconozco que logré mantenerme a flote. Pero a nadie le gusta simplemente sobrevivir, lo normal es desear vivir lo mejor que se pueda, y no estoy hablando del mero sentido material sino especialmente del emocional.
De allí venía la percepción de que, a un mes de mi cumpleaños nº 30, sólo me quedaba esperar un milagro para que -aunque fuera en parte- esas expectativas se cumplieran.
Y no me importa si nadie me entendió y si nadie estuvo ni está de acuerdo conmigo. Yo me entiendo bien y sé todo lo que me esforcé y todo lo que luché -de manera invisible, subterránea, tal vez equivocada- para poder vivir de otra manera.
Si hay algo que este año pasado fortaleció en mí (no sería correcto decir que me lo enseñó porque ya lo sabía) es a no tomar en cuenta las opiniones de personas (concedo que a veces con la mejor intención) que ignoran lo que yo siento en este momento de mi vida.
Las convenciones del festejo y la alegría que se debe sentir en determinadas fechas no son para mí. Lo fueron en algún momento, como en mi festejo (relativamente multitudinario) en el glam living mechita de Milión, que le alquilé a la entonces no tan popular ernestina pais en persona. Recuerdo que el día que fui a señar yo tenía puesto el mismo saquito gris que usaría en esa noche de cumple en olsen dos años después y ernestina me lo elogió. Son detalles menores y sin trascendencia pero que por algún motivo quedan en la memoria.
Esa noche del 2003 fue realmente un gasto improductivo, un derroche al mejor estilo Bataille, pero comimos rico y en un lindo lugar. Eso es lo que merece la pena ser recordado. Pero ya no me apetece festejar así porque me es imposible dejar de sentir que todo eso, en el fondo, no es más que una gran puesta en escena que oculta realidades de miserias, tristezas y sentimientos impostados.
Era otra vida y ya se han desplomado las cosas que se tenían que derrumbar y que entonces parecían tan sólidas.
A algunas personas no les sucede nunca (bienaventurados sean), a otras les sucede después de muchos años y considero que a mí me pasó bastante joven y de ahí mi visión singular y crítica sobre ciertos tópicos. Que es lógicamente una visión sin retorno.

Hace un mes y días dije que estoy caminando en un camino solitario.
Y lo sostengo.

sábado, mayo 26, 2007

Confesiones de una mujer de (casi) 30

Cuando tenía 20 años fui a ver al teatro, en MDQ, la entonces famosa obra Confesiones de mujeres de 30.
Eran las temporadas de verano donde me iba de vacaciones a Mar del Plata con Carina, Natalia y familia.
Yo era pelirroja en ese entonces, pero para adentro también era bastante diferente.
Recuerdo perfectamente estar viendo la obra y pensar:
1. que nada de lo que decían esas tres mujeres (interpretadas en ese momento por andrea politti, alejandra flechner y virginia innocenti) representaba lo que pasaba en mi vida en ese momento.
2. que no me imaginaba que a mis 30 me pasaran las cosas que ellas contaban.
Este post no es para declarar que estaba equivocada sino que, por el contrario (como alguna que otra vez sucede), casi una década después, el tiempo me dio la razón.
No me siento en absoluto representada por lo que representaban playing those roles.

Mi vida a los casi 30 no está cargada de esos escepticismos-cliché en gran parte ligados a los ex, la ley de gravedad (hoy en re-versión sedal), y etcéteras varios que se pueden relevar fácilmente a partir de cualquier revista femenina.
Quizás porque mi vida en esta década de los 20 estuvo muy alejada de las convenciones sociales. Tomando como parámetro, como siempre aclaro, el grupo de referencia al cual "pertenecía".
Y en ese camino largo que un día me vio caminar quemé, en efecto, una biografía, y siento que ahora estoy quemando las últimas hojas.
Esas que me resistía a quemar, porque hablaban de recuerdos de épocas que por contraste parecen felices, o de momentos compartidos en compañías que entonces creíamos plenas, o de esperanzas que todavía tenían un futuro donde desarrollarse. Pero, aun a mi pesar, esas hojas se están desprendiendo de la biografía y caen caducas y marchitas a mi alrededor.
No estoy de acuerdo en que necesariamente decir adiós sea crecer, pero en todo caso a veces no queda otra.
Y ese, en una persona solitaria, es un proceso violentamente solitario.

La semana pasada fui a ver, como suelo hacer por algún motivo irresistible cada vez que se presenta, el concierto de KJ. Y en esa noche sentí toda esa soledad intensa y condensada a lo largo de unas horas gélidas de fin de mayo.
No se trató de esa noche puntual, se trata de algo que vengo sintiendo desde hace mucho.
Definitivamente tomé conciencia de que ya no tengo con quien compartir esos momentos. Porque mi vida se aleja en una dirección donde todavía no llegó a un nuevo destino, pero en donde la distancia recorrida ya no permite ver aquel punto de origen que algún día percibí que ya no era fuente de originalidad sino de rutinas que no me hacían feliz.
Yo aprendí muy bien a estar sola a lo largo de la vida y sé que tengo un doctorado en eso. Pero esta es una clase de soledad que yo desconocía.
Ver a los grupetes, las parejas y las madres y padres con sus hijas me recordó de una manera muy dolorosa ausencias, angustias y soledades.
Y aunque kevin me alegró mucho la noche, en un momento el telón se cerró y la tristeza salió a escena de nuevo mientras todos se iban a un lugar muy distinto de aquel donde iba yo.
Que no era aquel donde me dejó el taxi, es decir mi casa.
Y pagar ese taxi me hizo sentir en el colmo de la soledad, en muchos sentidos.

Eventos

sociales y culturales de los últimos días

el film la môme
la discusión acerca de la comunidad griega en la Argentina
el cumple de Marina (tecito lúdico y amable)
el concierto de KJ y The Nada
el cumple de Mariana (cantobar con canto de Malo incluido)

no mucho más. estoy hibernando física y emocionalmente.

viernes, mayo 25, 2007

No tengo ganas

Este es uno de los casos donde el grupo no es necesariamente mi estilo pero hay una canción que me conmueve. Para mí, esta canción es una especie de himno a la contradicción humana.
Y todos tenemos algo de contradictorio en algún momento de nuestras vidas.
Por otra parte esta canción me gustó desde la primera vez que la escuché y varios meses después la vida me llevó a vivir, de alguna manera, lo que expresa la letra. Puedo entender bastante bien lo que es no tener ganas de seguir, pero tampoco ganas de parar. La sensación de apostar a un caballo que nunca, pero nunca gana, con la esperanza de que el día que gane va a pagar de una manera que compense todas las pérdidas (un 100 a 1 por lo menos). La percepción de estar hace cuáaaanto tiempo hundiéndome en este agujero.
He dejado mi destino a la suerte alguna vez; me he vestido y he salido a buscar a algo o a alguien. Y he pensado en la persona en la que no debía, pero es que tenía, también, tantas ganas de verla!
También he estado intoxicada, con certeza, alguna vez.

Mención especial a los arreglos de tango, le van más que bien a la canción.
Y me saco el funyi de arrabal frente a LA frase que vivo tan, pero tan, a menudo...
tendría que pensar qué me está pasando, pero es que estoy cansado de pensar

Himno de Bariloche

Cuenta la leyenda (y alguna bitácora de viaje perdida por ahí) que en septiembre del 2004 me fui como acompañante de un grupo de chicas de la monona St. Margareth's school en su viaje de egresadas a Bariloche. Y nos tocó compartir hotel con los chicos del San Jorge...una combinación explosiva.
Hoy en día sé poco y nada de la vida de esas chicas y chicos, pero recuerdo varias cosas de ese viaje.
La mayoría de los recuerdos me conducen a no recomendarle la experiencia de ser acompañante de teens en un viaje de ese estilo a nadie...si reciben esa propuesta, huyan mientras puedan.
Sin embargo sería injusto no decir que hubo cosas agradables también, como el chocolate con torta en el havanna de la base del cerro, o los baños de sol en medio de la nieve. Todo lo demás es simplemente una experiencia de vida, algo épica por momentos.
Y como buena épica, tiene su himno, que es una canción que los chicos coreaban en alguno de esos boliches de la base del cerro.
Me refiero a El viejo, de La vela puerca.
La incluyo porque la asocio a ese viaje y a su parte divertida, además estos muchachos uruguayos de la banda me caen muy bien.
Y entiendo muy bien esa parte que dice "yo sé muy bien que no querés mirar atrás"..

Resposta

Hace ya bastantes años escuché por primera vez esa canción y adorei.
Incluso me compré el disco de skank por esta canción, tan alejada de lo que se conocía de ellos en Argentina.
La historia es muy simple: una versión femenina de cyrano de bergerac, una versión masculina de roxane, dos chicas veloces, un semáforo muy lento y una onda verde que nunca llega y permite que se desarrolle esta pequeña historia, que tiene una previa y supongo un continuará que exceden el marco del video. Si nos limitamos a lo que ocurre allí, el galán (por gata flora) se queda sin panes y tortas y los músicos, como siempre, ganan...
Es un video de miradas, eso me gusta.

La laguna del sauce y la pedrera del mar

(aqua post del 20 de marzo)

El finde del 10 de marzo me fui a Uruguay a tomarme algo así como un retacito de vacaciones, ya que este año no me las pude tomar y Jujuy con Pauli & cía. quedó tristemente colgado (ah! me quiero ir de viaje al norte).
Para compensar la falta de holidays, decidí darme un lujo y tomarme un pluna bue-pdp. Dado el temporal que había ocurrido en la city hace un par de días, hubo problemas con el transporte de combustible y el vuelo se demoró unos cincuenta minutos. Aproveché para ir a freeshopear y me aprovisioné de un Jackie Daniels que me cobró un cajero muy simpático.
Después me senté esperando the departure y muy cerquita mío, con su mujer, estaba sentado Jorge Guinzburg, muy pálido, espero que el sol del este le haya sentado bien.
El viaje fue un placer, los 10 primeros minutos la vista del river plate fue hermosa, parecía una alfombra serena y prolija con brillos del sol y veleritos aquí y allá. Después todo fue un manto de nubes pero esa vista para mí es muy agradable también.
En el último tramo el piloto hizo una aproximación muy buena y entró por los campos de la laguna, la vista era espléndida.
Y llegando a los escasos 45 minutos que dura ese viaje llegamos a curbelo, en rigor de verdad llegamos al aeropuerto viejo porque -visita de B. mediante- los US force copaban la pista.
Descendimos entonces en una mañana muy tranqui, mucho matrimonio y rubiecitas de taco producidas y maquilladas cual de gran soirée.
Tuve un día, digamos, apacible, près la laguna y el domingo partí a la pedrera, casa amarilla, la famosa casa de norma aleandro, la misma del año pasado, esta vez sin ladrones (gracias a Dios!!!)
Yo ya sabía algo de las mejoras, pero realmente la casa estaba mucho más linda y la pieza que construyeron en la terraza (hace un año mi deck-desayunador) remediaba el desperdicio de desaprovechar esa exquisita vista al mar.
Además agregaron una pile bastante piola.
De Maitena ni noticias, su casa parecía estar desocupada.

De manera que el domingo y el lunes hice playa, el sol brillaba a pleno (en especial el lunes) y volví con un color interesante que de todos modos ya perdí.
Deuda pendiente: esta vez no comí pescado, pero sí un panqueque con ddl en el sosiego. Y paseé un poco por el lomo de la ballena también, atravesando un pleno atardecer.

No sé cuándo volveré a tierras uruguayas. En estos momentos tal vez me causa más tristeza que alegría ir...no sé.
Quiero creer que la próxima vez me esperan un té y un buen día de spa en las cumbres...
Veremos adónde será mi próximo viaje, y cuándo.

Me quiero irrrrrr......
tomarme un avión, o un micro, o subirme a un auto
y viajar, simplemente viajar

Je vous connais, Milord

Esa canción me encanta por varias cosas, entre ellas la historia que hay detrás, es decir el romance entre ella y el bohemio Georges Moustaki, que era baaastante menor que ella.
Y si bien la canción se llama Milord y la letra se dirige a él, en mi opinión la canción habla mucho más de la mujer que la canta que del famoso milord. Porque si bien está claro que la cantante es una mujer "de la calle", esas palabras sólo pueden ser dichas por una persona de una gran sensibilidad. Y sólo pueden ser cantadas por alguien que ha vivido ciertas cosas. Pertenece a esa clase de canciones que no pueden ser cantadas por cualquiera.
Como dice la canción, je n'suis qu'une fille du port, une ombre de la rue. Y que

l'amour, ça fait pleurer

es cierto, lo sé bien. Ahora bien, será cierto también que,

comme quoi l'existence
ça vous donne toutes les chances
pour le reprendre après...

no sé. Todavía no lo sé.


miércoles, noviembre 29, 2006

breves del este

Necesitaba tanto, pero tanto, pero tanto, cambiar de aire, que este fin de semana (anticipidamente) dije basta, quemé las naves y me tomé la nave.
Es decir,
el jueves me tomé el buque (rápido) a Colonia, y desde ahí partí hacia Montevideo y luego hacia Maldonado. Un lindo viaje.
El viernes estuve un par de horas en una playa de las mansas. A la mañana no dabas diez centavos de uruguayo porque fuera un día de playa y finalmente resultó que sí. El mar estaba frío, tal lo esperable, pero transparente y brillante como el sol.
A la tarde fui a la tienda inglesa, sin dudas mi paseo preferido en la punta. Podría ir feliz todos los días a ese supermercado. Cómo me gustan los monitores flat que tienen las cajeras.
El sábado ya no era día de playa, estaba bastante nublado aunque durante el mediodía pude tomar un ratito de sol. A la tarde me fui a conocer Pueblo Edén (ah, los bellísimos verdes uruguayos) y a comer un panqueque con dulce de leche a Lapataia.
A lo largo de esos días comí pescado (cazón) y quesos, sin duda mis comidas favoritas.
Y el domingo estuve desafiando el viento frío, muy frío, caminando por solanas, respirando un poco de mar. Y a la nochue, bus a Montevideo, bus a Colonia y buque (lento) acá. Ese viaje es un paaaarto, la madrugada en ese lugar de Colonia es gélida, el cansancio mucho y la demora excesiva. Con tanto bus, espera, frío y molestias varias ese viaje se hace insoportable y se duerme poco y mal.
Y encima ese viaje es de vuelta y yo no quiero volver a mi vida de acá.
Una visita muy cortita, delicada, amable, pero que genera un contraste inevitable. Y cada vez más insoportable.

viernes, noviembre 10, 2006

Buenos Aires Photo





(publicado en noviembre en mi blog de Hotmail)
El viernes 20 de octubre me fui a dar una vuelta por Buenos Aires Photo, en su gran mayoría las fotos no me parecieron nada del otro mundo, había unas de una artista peruana que sí me gustaron bastante pero no me acuerdo el nombre, la tengo que rastrear.
Había de todo, fotos muy locas y fotos muy tradicionales. Lo que no deparaba sorpresas, una vez más, era la concurrencia, en su mayoria matrimonios bien de la zona recoleta, de unos 50 años promedio.
Otra serie que también me gustó mucho fue la de Daniela Edburg, una fotógrafa joven mexicana, que retrataba de manera muy plástica distintas situaciones de muerte. En mi opinión, en contraposición al tópico de debate "la banalización de lo dramático", las fotos de Daniela dramatizaban lo banal: las fotos tenían nombres tales como "Muerte por pastel", "Muerte por shampú", "Muerte por depilación" and so on, retratando a mujeres "atacadas" por elementos de su universo cotidiano, todas con una estética para nada oscura sino muy colorida y ligada al comic.
Incluyo en esta crónica la imagen de "muerte por oreos" y "muerte por nutella"; esta última no estaba en la muestra pero me hizo mucha gracia cuando la encontré, me trajo recuerdos de gente devota del nutella que conocí y me pareció un hallazgo la situación.

domingo, noviembre 05, 2006

Nadie sabe


(del barrio chino a la película japonesa a la tarde francesa)

así somos las chicas cosmopolitas, como todos saben.

Barrio chino
El jueves fui al concierto de kevin y the nada (música cosmopolita e intercultural si las hay) en un auditorio del barrio chino que desconocía, a pesar de ser de la zona. Muy muy lindo, muy cuidado y con muy buena acústica. Mucho más relajado que el del faena, el concierto estuvo como siempre impecable. Descubrí que no soy la única que asiste cual groupie a todos los conciertos y ya empecé a descubrir caras conocidas habitués de la experiencia keviniana (una de ellas estaba sentada al lado mío, y otra justamente atrás). Y descubrí qué tan cerca se puede llegar a estar de un escenario cuando se compra una entrada para la primera fila...

Film japonés
El viernes a la noche fui a ver Nadie sabe, una película japonesa que narra el caso -real- de cuatro hermanos, el mayor de ellos de 12 años, abandonados por su madre. Yo sé que suena a demasiado dramón para comprar una entrada en un momento no demasiado brillante de mi vida, pero me sentía tocada de cerca por la historia y la quería ver. Si bien coincido con Gaby -que me acompañó- en que la película no es excelente (no diría que por cuestiones inherentes al film, simplemente es una cuestión de gustos), a nivel personal reconozco que sí logró transmitirme un estado de absoluta angustia y desolación que me dura hasta ahora. No puedo olvidarme de todos los motivos (en el sentido semiótico del término) que el director utiliza con recurrencia para poner el acento en ciertos temas: la mano de Akira, el protagonista, sobre determinados objetos, transmitiendo ansiedad, ternura, angustia; las últimas monedas que representan los últimos recursos -no sólo económicos sino también emocionales- y que se consumen en un acto tristemente inútil; los chocolatitos apollo como un placer que se hace durar y durar; la silla que sirve de apoyo para ponernos a la altura de aquello que nos sobrepasa y que puede tambalear en cualquier momento.
Y por otra los colores, representados por los trazos de crayones, que son los fragmentos de luz y felicidad sobre las cuentas impagas (sobre un continuo oscuro y aplastante).
Esa es una de las cosas que me parecieron acertadas de la película: el mostrar cómo, aún en los peores momentos (o tal vez a manera de negación de esos momentos, consciente o no), mientras se tenga una parte de inocencia intacta, se puede jugar, reir y disfrutar.
Es decir, mientras se conserve una mirada infantil, más allá de la edad que se tenga. Pero el contrato de lectura del film no ignora que la mirada del espectador será una mirada adulta y que hará foco más bien en todo aquella crueldad e indiferencia que conforma el trasfondo emocional, el marco desenfocado que rodea al juego y que progresivamente va ganando espacio hasta ocupar el primer plano y hacerse casi insoportable para los espectadores que pueden reconocer zonas que les pertenecen en los personajes. No hablo sólo de zonas luminosas, sino también de zonas oscuras.
Me emocionó mucho el amor que demuestra Akira por sus hermanos, no a través de palabras sino de sus gestos, condicionados naturalmente por sus recursos y su condición de niño, que al fin y al cabo es lo que es más allá de la responsabilidad con la que lo enfrenta la vida. Cuando les entrega a sus hermanos los regalos que presuntamente son de su madre y que en realidad él tuvo que pedir -o suplicar- a los padres de cada uno (todos son hijos de diferentes padres), me conmoví mucho. O cuando le compra al hermanito los fideos que él quería y lo va a buscar porque no lo encuentra en la casa.
Hay varias cosas que me impactaron de la película. La indiferencia y el egoísmo de una madre con voz de niña eterna que no sólo abandona a sus hijos sino que incluso cambia de identidad para no ser encontrada más que cuando ella desee ser encontrada, su inoportuna presencia con recursos inoportunos en el momento inoportuno. La desidia de padres que no se hacen cargo de haber traido hijos al mundo. La decepción de descubrir que la amistad que creíamos sincera no es tal y la magia de descubrir el cariño en alguien cuando el mundo parece cerrar sus puertas en nuestras propias narices.
Emociones que no se transmiten a través de palabras, lágrimas o gestos desesperados, sino de miradas e imágenes que resultan muy expresivas.
Podría seguir hablando de la película, pero me quedo con el recuerdo de el personaje, que para mí es Akira; de su dolor, su amor, su resignación y sus esfuerzos, que -sin ser los míos- puedo comprender muy bien.

Y este fue un domingo completamente inútil, triste y donde traté de distraerme para sentirlo menos triste.